Esta historia comienza 50 años antes de la fecha de hoy, 12 de Agosto del 2024, en los albores de esta Parroquia que ahora ha cumplido su cincuentenario. En el libro que he escrito (50 años derramando carisma) sobre lo sucedido durante su construcción se menciona que, una vez erigido el templo, los trinitarios asignados a la parroquia y algunos feligreses escogidos dirigieron sus pensamientos hacia la imaginería que debía albergar en su interior, llenando con ella de la significación religiosa y devota que el recinto requiere. Una vez determinada la imagen que iba a ir en el presbiterio, y que tanto sigue llamando la atención por su volúmen y su expresividad del Cristo en su cruz y su ascención, una imagen de la Vigen era imprescindible. Dado el éxito que había tenido el Cristo, se le encargó al mismo artista la imagen virginal no poniéndole, en ese momento, ninguna traba o cortapisa para hacer la representación que su creatividad le dictase. Las imágenes de la Virgen María, en cualquiera de sus representaciones, embellecen las iglesias y los santuarios de todo el mundo como signo concreto de nuestra fe, que es necesidad de amor. Aunque tengan muchísimas formas diferentes, la imaginería que representa a María, en cualquiera de sus acepciones, expresa la misma ternura, compasión y benevolencia. Por eso era necesaria su presencia y la confianza en el artista era total.
A ello se puso el artista Sr. Segundo C. Escolar, que entonces tenía tan solo 29 años, y que en la actualidad, perdida la lozanía de antaño, es un venerable anciano, de lento caminar, de venerable barba blanca capuchina, a punto de cumplir 80 años aunque no ha perdido ni un ápice de su señera personalidad ni de su alma de artista. Terminada y entregada la obra, fue colocada en el lugar elegido en Mayo de 1974, es decir, nada más que dos meses después de convertirse la Iglesia de «El Redentor» en Parroquia. Sin embargo, dicha imagen de la Virgen con niño realizada en cerámica maciza refractaria a 1.400 º C, no agradó a todos los feligreses ni a todos los frailes de la comunidad trinitaria con alguna excepción, por lo que, al día siguiente de ser situada en el lugar escogido, el Superior de entonces, el P. Emiliano, atendiendo a las voces discordantes y clamantes, ordenó retirar dicha imagen y que le fuera devuelta al artista. A los que nos falta o no se nos ha concedido el don de saber observar en vez de ver únicamente lo real y no lo imaginativo que sólo la mente de un artista puede vislumbrar cuando se encuentra por primera vez ante el bloque de piedra, cerámica, alabastro o un lienzo en blanco, es muy difícil que percibamos la ligera línea que separa esa correcta tutela, del perjuicio.
Por otro lado, los arquitectos de la Iglesia, en su fachada exterior, habían dispuesto en su proyecto, una serie de peanas, trece en total, con la intención de colocar en ellas un Cristo y los doce apóstoles, a la manera de las figuras de Oteiza en el Santuario de Aránzazu pero las de aquí, de hierro fundido. La primera figura que realizó Segundo Escolar y regaló a la comunidad parroquial, fue el Cristo que fue colocado en el pedestal central en las mismas fechas que la Virgen.
Ambas imágenes, todavía cubiertas, en «El Redentor» de nuevo.
Por su parte, Segundo Escolar, ignorante de la situación creada y en la creencia de que la imagen había sido aceptada por todos, no le dió importancia al hecho de que no le fuera pagada. No se sabe por qué conducto y él tampoco se acuerda, el escultor se enteró, nueve años más tarde, de esta situación; se iniciaron conversaciones para llegar a un acuerdo de consenso ya que los Trinitarios, con un nuevo Superior al frente, se negaban a pagar por una talla que no se adecuaba para nada a los gustos comunes de la gente, pero lo cierto es que el artista se presentó después de ese largo lapso de tiempo en la Parroquia para exigir que si para el 30/6/1983 no se aceptaba y se abonaba la imagen por él realizada, se llevaba la obra.
Unos días después y ante la falta de noticias nuevas, cumplía su amenaza y el día 5/7/1983 se presentaban en la Parroquia una camioneta y una “pluma” que realizaron las operaciones necesarias para ser trasladada dicha imagen a la localidad burgalesa de Belorado, población en la que residía y reside el artista. A última hora, el Superior de la Comunidad quiso dar marcha atrás y quedarse con la obra pero el autor no se retractó en su decisión de llevársela, muy enfadado por lo que consideró una ofensa no sólo como artista sino también como desconsideración hacia su persona. Algún fraile y algún feligrés perspicaz, privados súbitamente de su compañía, lamentaban ya su ausencia. Esta obra, desde entonces y hasta hoy, ha estado depositada y expuesta a la puerta de su casa, pero nuevos tiempos han llegado, la mentalidad artística de la gente en general ha evolucionado, perdiéndose en gran manera la idea de que la representación de figuras santas o divinas deben de ser al natural, lo más parecido a nosotros los humanos, porque han aparecido otras formas de expresiones artísticas que hoy en día son aceptadas sin recelos. Es el eterno apredizaje de saber mirar para intentar comprender la esencia de las cosas, atendiendo más allá de lo que los ojos ven.
Pero esta historia quedaría coja si no contásemos su segunda parte ya que, no solo se llevó la imagen de la Virgen con el Niño, sino que también cargó en la furgoneta ese mismo día, la imagen de “El Redentor” de material de hierro forjado que se encontraba en la parte exterior de la Iglesia, en su fachada principal, encima del pórtico y que había sido por él regalada a la espera de contribuir a completar la fachada con los doce apóstoles. Estos no se hicieron porque no había presupuesto para ello. Ni antes ni ahora, por lo que, una vez más, aunque gusta la idea, se deja para mejor ocasión.
El P. Koldo, mirando expectante el traslado del «Cristo», todavía cubierto.
Realmente estaba enfadado, era y es persona de temperamento, y tenía motivos para ello, estaba en juego su reputación de artista, pero la comunidad, que también sentía su pérdida, no estaba dispuesta a quedarse con una imagen, la de la virgen, por la que habían mostrado de manera casi unánime su rechazo, feligresía y religiosos, y la del Cristo Redentor y apóstoles por su elevado coste. Ambas obras han dignificado su casa-eremitorio de Belorado hasta que, con ocasión del Cincuentenario de la Parroquia y en una de las primeras reuniones habidas de la comisión creada al efecto, surgió la idea de recuperarlas. Un par de visitas a la casa de Segundo Escolar, que nos recibió de manera cordial y atenta, nos dejó patente su deseo de ir deshaciéndose de la ingente cantidad de obra propia y ajena que alberga en ella y, por supuesto, también estas obras que con tanto cariño había realizado 50 años antes.
En la visita que realizamos el P. Koldo, José Ramón G., y un servidor, tuvimos la oportunidad de ver el estado de ambas obras que habían adquirido ya la pátina característica de cuatro décadas a la intemperie, pero con la confirmación del artista de que, debidamente tratadas, volverían a su ser como si fuera el primer día. Su posición dispuesta a desprenderse de ellas a un precio sensiblemente inferior al que tendrían en el mercado, ayudó a que la comisión tomase la decisión definitiva de adquirirlas, y en esta ocasión, con el compromiso de colocarlas en el lugar más adecuado y pagar el precio señalado y comprometido por Segundo Escolar. Él se encargaría de ponerse en contacto con una empresa especializada de Burgos que adecentase la imágen de la Virgen y le diese al «Cristo» la imprimación necesaria para que volviese a tener la relevancia inicial.
Segundo C. Escolar, atento a la maniobra de descendimiento de la «Virgen». Al fondo el P. Juan Mari, vigilante.
Y así lo ha hecho, ocupándose de buscar la empresa adecuada para realizar el trabajo así como el medio de transporte necesario para su traslado en las mejores condiciones. Aquí, en Algorta, José Ramón, hombre hábil y eficaz, a su vez se encargaba de obtener los permisos necesarios para facilitar las maniobras de la maquinaria a utilizar con el fin de colocar las piezas en el lugar elegido. Todo estaba dispuesto para que nada saliese mal y facilitar el trabajo a los operarios.
Como así fue. El día señalado y a la hora convenida, allí, al lado del recinto parroquial, estaban la grúa, el camión con las dos piezas, los operarios necesarios, el artista que no se lo quiso perder, el párroco, el trinitario veterano que ya conocía de antaño ambas obras y un feligrés, amigo personal del artista, que no se quiso perder toda la operación, dando sabios consejos a los operarios. Mientras la virgen, de un peso aproximado de 600 kg. incluida la peana, era depositada en uno de los garajes de la Residencia Beato Domingo Iturrate hasta su colocación posterior en un lugar a determinar, el «Cristo» era trasladado del camión de transporte a la «pluma».
La imagen de la Virgen cubierta hasta su colocación posterior.
Una vez situada la grúa frente a la fachada principal de la Iglesia, dos operarios especialistas en efectuar trabajos «en altura», muy bien previsto por José Ramón, se procedió a desembalar la imagen del «Cristo» y una vez bien amarrado «por el cuello», en operación lenta pero segura, la imagen fue acercándose al pedestal central de los trece existentes a la espera de llenar los otros doce con los apóstoles, tal como era la idea originaria.
El «Cristo», colgado por el cuello, camino de su peana. Ya en ella.
La operación pareció sencilla, no duró más de diez minutos anclar la imagen y dejarla perfectamente colocada ya que los anclajes ya estaban allí de la ocasión anterior en la que estuvo nueve años en el mismo lugar, una perfecta atalaya desde la que observar las vicisitudes por las que aquel barrio, en crecimiento, iba pasando.
Y allí ha quedado, inhiesto, soberbio, elegante. Allí donde no alcanza la mano del hombre pero sí su mirada. Esperando un simple gesto de connivencia de aquellos que por allí pasan. Muchos ni se darán cuenta de su existencia y si lo miran, la indiferencia será lo más común. Hoy, el mundo es distinto. Las personas son distintas, la juventud sabe poco de Vírgenes y Cristos y de lo poco que saben hacen mofa como si la religión fuese cosa del pasado y de seres enajenados o incautos.
La figura de Cristo en su peana.
Llegado este momento, a la espera de que los arquitectos, hijos de los primitivos, presenten sus proyectos para la ubicación ideal de la imagen de la «Virgen», es la hora de las opiniones, las críticas, las preguntas. La idea lanzada por un miembro de la comisión de que el lugar más idoneo sería la fachada lateral de la Residencia de Ancianos, parece que ha cuajado, a mí personalmente me gusta, y estoy con el P. Koldo en que, en la actualidad, no hay en ese edificio ningún signo externo de pertenencia a una Orden Religiosa o su destino de Residencia de cuidados a los ancianos. Ésta sería una forma de hacer «visible» su finalidad y hacer patente lo que se alberga en su interior. Hasta ese momento, quede aquí constancia de mi pequeño homenaje a las personas que han hecho posible este «VIAJE DE IDA Y VUELTA».