En defensa de los porteros

Ayer, Domingo, el Athletic jugó en Cornellá de Llobregat contra el C.D. Español. El partido terminó con el resultado de 1-1. El gol del Español se atribuye no al mérito de su jugador sino a un error de nuestro portero Unai Simón. Si leemos los diarios y los periódicos deportivos, los cronistas, como verdaderos papagallos, han repetido frases como: «El Correo» «El increible error de Simón que cuesta un gol», «Deia» «Error de bulto de Unai Simón. Un fallo impropio de su categoría», «AS» «Unai Simón y un error calamitoso difícil de entender», «Marca» «Un error en el control del portero Unai Simón…», «NAIZ», «Grosero error de Unai Simón», «ABC» «El inexplicable error de Unai Simón», «Superdeporte» «El error más inoportuno de Unai Simón», «La voz de Galicia» «Unai Simón «inseguro» de vida.
Un athleticzale que «pasa» del futbol

No me puedo sustraer a no hablar del Athletic, de la final de copa, de la «Gabarra», de su paseo por la ría. Han sido tantos los plumillas, de aquí y de allá, que parece que ya no queda nada por decir. Pero yo lo voy a intentar, a dar mi visión de esta especie de locura colectiva que nos ha dado a los vizcaínos y que ha sido la comidilla de la semana incluso allende los mares.
Cuando la muerte nos acecha

Corría el año 1970. Yo era un pipiolo que acababa de salir del internado. Algunos amigos de la niñez me recogieron en el seno de su cuadrilla con la caritativa pretensión de que me sintiera arropado. Mi cara de novicio me delataba. Me invitaban a fumar, me llevaban a San Mamés a ver los partidos del Athletic en compañía de una bota que no contenía precisamente vino, sino sol y sombra que pagaban los que previamente habían perdido la partida al mus, me apuntaron rápidamente para jugar en el equipo de futbol del barrio, me contaban la vida y milagros de las jovencitas más casquivanas de la escalera.