Menorca, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en uno de los destinos turísticos más populares pero que todavía no ha llegado a la notoriedad de las otras islas baleares aunque cada año hay más y más personas que descubren la belleza natural y la tranquilidad de este discreto lugar en las Islas Baleares. Menorca es famosa por sus impresionantes playas, que no sólo son algunas de las más bellas de las Islas Baleares, sino también las más limpias, lo que la convierte en uno de los mejores destinos de vacaciones familiares si lo que buscamos es el sol y las playas. Desde calas solitarias hasta vastas extensiones de arena, Menorca y sus gentes se enorgullecen de proteger su paisaje natural. Algunas de las playas más famosas y espectaculares son Cala Macarella y Macarelleta, así como Cala Turqueta, bastante alejadas de los caminos comunes y a las que no se puede acceder en automóvil, sólo se puede llegar a ellas andando y durante un buen rato. Muchas playas tienen suaves pendientes hasta el agua y la mar, y ante la ausencia de mareas vivas, en sí son tranquilas y cristalinas en la mayoría de los lugares de la isla, con muchas de ellas en las que te puedes adentrar muchos metros sin poner en peligro la integridad física por lo que son perfectas para que los niños disfruten con seguridad.
A diferencia de sus bulliciosas vecinas Ibiza y Mallorca, Menorca ofrece un ambiente más tranquilo y relajado, lo que la convierte en la mejor isla balear para familias o personas de una cierta edad como nosotros. Es perfecta para matrimonios, con o sin hijos, que buscan escapar de las multitudes y relajarse mientras disfrutan del tipo de aventura que cada uno quiera asumir, porque la isla te ofrece a la vez, seguridad y comodidad. Sea por lo que fuere, esta isla no participa, por ahora, de la escandalosa barahúnda de las otras islas. El turismo no ha saturado los lugares a visitar, aunque para los lugareños ya está comenzando a incomodar.
LA HISTORIA DE MENORCA ES MUY RICA Y VARIADA.- Si te gusta descubrir la historia que cada edificio, cada monumento, cada piedra tiene detrás, Menorca muestra una rica historia que se remonta a tiempos prehistóricos y hay muchos lugares arqueológicos para explorar como, por ejemplo, los Talayots. La isla ha sido un lugar estratégico no solo en la Edad Media sino también hasta bien entrado el siglo XIX y tiene muchos edificios históricos y fortificaciones para visitar con detenimiento, donde tienes la posibilidad de leer todas y cada una de las notas que te encuentras en su recorrido. Hay muchas ruinas antiguas y megalitos misteriosos que inspirarán tu imaginación y harán que te retrotraigas a las épocas pretéritas.
BELLEZA NATURAL.- Esta belleza natural es lo que habría que preservar a toda costa. La masificación es su peor enemiga. Menorca es conocida por su costa escarpada, colinas y bosques vírgenes. Hay numerosas rutas de senderismo que te permiten atravesar algunas de las zonas más pintorescas de la isla, y tendrás muchas oportunidades de observar la vida silvestre en el camino, lo que es particularmente apreciado.
Mi misión ha sido tratar de descubrir los paisajes auténticos de Menorca explorando su costa virgen, desde tierra o desde el mar, de playas de arena fina, calas y cuevas escondidas o su magnífico parque natural protegido. Un recorrido en barco es una excelente manera para que los que amamos la naturaleza tal cual ha sido y es desde siempre, aunque por causas de esa misma naturaleza imposible de predecir, no hemos conseguido ver toda la belleza propia de la isla no ya desde tierra sino desde el mar.
DEPORTES NÁUTICOS EN MENORCA.- Aunque ya no practiquemos ninguno de ellos, gracias a sus aguas cristalinas y su suave brisa, Menorca es un destino ideal para los amantes de los deportes acuáticos de todas las edades. Se puede probar suerte con la vela, el windsurf, el kayak o el remo, o simplemente nadar o hacer snorkel en el mar cristalino. Muchas empresas ofrecen actividades alrededor de la isla, con kayaks tándem y tablas de remo para dos personas, ideales para que los niños se unan a sus padres y se adentren en las muchas cuevas que el literal ofrece.
EL DELICIOSO ESCENARIO GASTRONOMICO DE MENORCA.- Menorca es conocida por su deliciosa cocina, que combina sabores mediterráneos con ingredientes locales. Los visitantes pueden disfrutar de marisco fresco, frutas y verduras cultivadas localmente y una variedad de otros platos tradicionales. También hay una vibrante variedad de restaurantes que ofrece cocina de todo el mundo. Hemos podido disfrutar de una variada gastronomía aunque los precios ya se hayan disparado, algo que está sucediendo en todas partes y no por ello dejamos de ir.
VACACIONES EN FAMILIA EN MENORCA.- Menorca está repleta de actividades para mantener entretenidos tanto a los niños como a los adultos e incluso a los que ya peinamos canas y nuestras facultades físicas ya no son lo que eran. Menorca es perfecta para actividades al aire libre, desde caminar y hacer senderismo hasta montar en bicicleta y a caballo. Con parques acuáticos y áreas de juego, parques naturales y reservas naturales, hay algo para todos. A nosotros nos ha encantado ir descubriendo los distintos y variados lugares y nos ha encantado poder explorar todas las calas, cuevas y playas escondidas a las que hemos podido acceder, así como hermosos pueblos y aldeas como Binibeca, Fornells, Benialcolla donde estaba situado nuestro Hotel, Punta Prima, Mahón y Ciutadella.
Menorca nos ha recibido con los brazos abiertos y ofrece una combinación única de belleza natural, encanto histórico y actividades para visitantes de todas las edades y condición. Bien es cierto que en ocho días es imposible llegar a todo, por ello hemos hecho una selección de lo que hemos considerado más accesible y bello para nosotros.
OTRAS RAZONES PARA RESERVAR UNAS VACACIONES EN MENORCA
Menorca tiene algunas de las playas más hermosas de Europa, si no del mundo. Menorca es pequeña, lo que significa que hemos podido explorar fácilmente toda la isla durante nuestra estancia. Menorca es Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 1993 y apoyamos el ecoturismo para proteger su belleza y se mantenga en las condiciones en las que está en la actualidad, aunque mucho me temo que vaya a morir de fama como las otras dos islas Ibiza y Mallorca. En verano, la isla ya está saturada de visitantes y los autóctonos ya comienzan a quejarse.
Menorca es una isla singular, que sorprende por la extraordinaria riqueza de su patrimonio arquitectónico, arqueológico y cultural, y por una historia apasionante, marcada por su condición de enclave estratégico en el centro del Mediterráneo occidental. Algunos de los monumentos que reflejan esta apasionante historia son: Naveta des Tudons, el poblado talayótico de Torre d’en Galmés, la Torre de Fornells, el Fort Marlborough, la Cova de s’Aigua y la llla de Llatzaret. Algunos de estos monumentos hemos visto y otros no nos ha alcanzado el tiempo, a cambio hemos visitado otros no menos interesantes.
A vista de pájaro, Menorca es el habitat más ordenado de las Islas Baleares. Los núcleos de población se diferencian claramente sobre el terreno, destacando los pueblos y ciudades porque mantienen un color eminentemente blanco que confieren a este territorio isleño una variedad cultural y social con dos nexos en común: la tierra y el mar. La sostenibilidad, esa palabra que ahora está tan de moda, es la seña de identidad de la isla en la que se ha conseguido un equilibrio entre progreso social y económico así como el respeto por el territorio y la tradición. Y así quieren que siga, como un paisaje calmado, si los turistas que allí llegamos cada vez en mayor número, no nos empeñamos en devaluarla y/o deteriorarla.
Espero, en estas líneas, reflejar fielmente con palabras e imágenes lo que sí hemos visto y admirado. Ojalá pudiera encontrar palabras nuevas que nunca hubiera escrito o dicho antes para describir con fidelidad lo que allí se encuentra el visitante.
Pequeño puerto junto al Hotel donde estuvimos alojados
Desde luego, la primera medida que tuvimos que tomar fue conseguir un vehiculo para trasladarnos en cualquier momento al lugar que quisiéramos. Aunque la isla está muy bien comunicada por medios de transporte por carretera, los horarios y las contínuas paradas no nos hacían aconsejable este sistema debido a la pérdida considerable de tiempo que ello supone, por lo que alquilamos un coche amplio y cómodo. El primer día, una vez instalados en el hotel y pagada la Tasa Turística cuyo objetivo es recaudar fondos para mejorar los servicios turísticos, infraestructuras y contribuir a la conservación del patrimonio cultural y natural del destino al que cada uno vaya. Esto que, visto así, parece encomiable, a mí me parece un tomadura de pelo y el típico impenitente latiguillo de siempre. ¿Sabemos cuánto se recauda en cada Ayuntamiento por este impuesto? ¿Sabemos dónde va, en qué se gasta lo recaudado? Si las tasas presupuestadas o en proyecto tuviesen el objetivo de mejorar la calidad de vida del destino, de su comunidad local, invirtiendo clara y directamente en su regeneración ambiental, social y económica, muy seguramente la población autóctona comenzaría a ver a los turistas y a la actividad económica derivada como algo positivo y beneficioso, algo que no ocurre ni de lejos en la actualidad. Este es el problema en la actualidad, el turista paga religiosamente la Tasa exigida pero ni el turista ni el habitante habitual ven sus beneficios, no ven afanarse a las Instituciones en ofrecer una mejora «perceptible» de las infraestructuras que mejoren el bienestar durante su estancia.
El primer lugar que visitamos, por su cercanía, fue Mahón y tuvimos la suerte de poder aparcar en un lugar céntrico por lo que no tuvimos que desplazarnos a pie en grandes recorridos. Visitamos la Iglesia de «El Cármen», el «Mercado del Claustro», el «Mercado del Pescado» donde se pueden degustar unos buenos pintxos y delante de todos ellos se puede admirar una escultura «Tri caballi» de un escultor suizo-italiano. Atravesando la calle peatonal entre los dos mercados, se llega a una plaza en la que poder descansar en alguna de sus terrazas y disfrutar de una vista completa escrutando, desde lo alto, todo el Puerto de Mahón y su paseo. Después de ello, si así se desea, se puede bajar hasta el puerto en un ascensor «ad hoc» que evita una serpenteante y muy inclinada bajada que es la que obligatoriamente tienen que realizar los coches. Lo que sí pudimos apreciar desde el primer momento fue la carestía de los precios en cualquier cosa que quisieses adquirir, desde un sombrero que te protegiese del sol hasta el café habitual. Y pagamos sin rechistar.
Pero antes de proseguir me gustaría resaltar la importancia de ejercer el turismo de manera sensata y consciente, respetando el destino que nos acoge, a sus habitantes, a su cultura y patrimonio; a su naturaleza y a todas aquellas personas que, como nosotros, están descubriendo el lugar. Viajar de manera consciente nos permitirá tener un impacto positivo en el destino y garantizar que podremos seguir disfrutándolo en el futuro el día que queramos volver. Además de codiciado por numerosas naciones a lo largo de la historia como destino clave en rutas comerciales y asentamientos militares (a ello le debe la ciudad su aire cosmopolita, pero también fortificaciones como La Mola o el castillo de San Felipe), el puerto de Mahón o Maó es también uno de los espacios más bellos de la isla de Menorca, un espacio que regala postales cambiantes según la hora del día, la época del año o la luz del momento que provoca un estallido de colores diversos.
Tri Caballi del italiano Nag Arnoldi en la Plaza de El Carmen.
A continuación nos acercamos a otra de las Iglesias, no muy alejada de la anterior, la Iglesia de Santa María. Aunque hubo otra iglesia anterior, ésta quedó muy deteriorada en primer lugar por el asalto sufrido a manos de Barbarroja y posteriormente por un rayo que la dañó casi en su totalidad, no fue hasta 1748, durante la dominación británica, cuando se construyó el templo que ahora podemos admirar. La Iglesia de Santa María de Mahón fue levantada en el siglo XVIII sobre los restos de una antigua iglesia gótica del siglo XIII. Se encuentra situada en la Plaza de la Constitución, enfrente del Consistorio, y es uno de los monumentos religiosos más importantes de la Ciudad. El conjunto es de estilo neoclásico y posee un portal de tipo gótico con una imagen de la Virgen María en el tímpano. Además, nos encontraremos con un elemento excepcional; su monumental órgano, construido entre 1807 y 1810 por el suizo Juan Kyburz, de gran calidad instrumental y artística. Está considerado como una auténtica joya en su categoría al poseer cuatro teclados llamados “Principal”, “Cadereta”, “Ecos” de 51 teclas cada uno y “Pedal” de 30 notas, con 3.006 tubos sonoros, de los que 197 son de madera y el resto de metal. Dejamos una muestra de su monumentalidad.
Una pena el no haber tenido acceso a él y ni la oportunidad de poder tañerlo o al menos poder escucharlo. Pero el tiempo no nos permitía estar mucho rato en cada sitio si queríamos ver todo lo que Menorca ofrece al visitante.
Como es ya habitual en mí, al día siguiente me levanté muy temprano. Hacía muy buen día, cielo despejado, temperatura muy agradable, el mar en calma por lo que decidí darme un “garbeo” placentero y solitario por los alrededores antes de la hora que nos habíamos marcado para desayunar juntos, las dos parejas. Y me dirigí hacia la izquierda donde a no mucha distancia se adivinaba un pequeño núcleo de población y una reducida cala con unas pocas rocas musgosas. Y efectivamente así era, unas pocas casas enjabelgadas a pie de agua con un diminuto puerto que transmitían la idea de un lugar mágico, tranquilo, con mucho encanto y típico de la isla. Unos pocos metros de playa donde prácticamente el agua no rompía, y unas pequeñas estructuras de piedra y hormigón a modo de muelles para antiguos pescadores con unas escasas embarcaciones.
Es un lugar para ver, pintar si tienes aptitudes para ello y fotografiar cada rincón. Un sitio del que disfrutar, mejor en solitario, observando simplemente su bella estampa sin nadie que te moleste porque hasta allí no llega nadie, sólo los propios habitantes de las casas blancas inmaculadas. Allí me quedé unos minutos para saborear su placidez mayestática y su calma contemplando cómo aparejaban una pequeña barca y después zarpaban. Hasta esta pequeña maniobra me pareció singular, aunque no tuviese nada de extraordinaria.
Nada más desayunar nos acercamos a un lugar con el encanto de un pueblo de pescadores, sin serlo, del que había leído muchas cosas buenas como lugar ideal para visitar y disfrutar de sus casas blanqueadas, de sus callejuelas estrechas y de su silencio ya que en ellas viven gentes que tienen derecho a su descanso y a su intimidad por lo que sólo se puede visitar durante ciertas horas del día y con el ruego de hacerlo con el respeto debido a sus moradores.
La idea inicial era crear un poblado idílico que atrajera a intelectuales, bohemios y escritores, que encontrarían en Binibeca Vell el lugar perfecto para la inspiración. De hecho, se consiguió y uno de los pintores más conocidos de la zona, Frances Poch Romeu se enamoró de Binibeca y la plasmó sobre el lienzo en numerosas ocasiones. Así es cómo un grupo de promotores de la zona decidió construir esta pequeña zona costera, levantando unas 165 casas, locales y tiendas, por lo tanto no es una población antigua sino bastante reciente y hecha ex profeso. Se buscó que el poblado mantuviera una arquitectura homogénea pero no iguales: de ahí las cuidadas fachadas de todas las casas encaladas en blanco, con balcones de madera situados a baja altura. La primera vivienda en construirse fue casa Candi y las últimas vieron la luz en la década de los 70. A lo largo de todo el pueblo se pueden leer carteles invitando a la calma y a disfrutar de la esencia de localidad sin prisas y en silencio, respetando así a sus vecinos.
De esta manera es cómo se fue configurando Binibeca Vell poco a poco. En realidad, no hubo demasiados planos ni muchos detalles, sino que se fue moldeando de manera desenfadada a medida que se iba adaptando al terreno de la zona. En invierno, la localidad queda casi deshabitada y sus calles desiertas, y es cuando se aprovecha para pintar de nuevo las casas, se llevan a cabo tareas de mantenimiento de los jardines y calles empedradas. Después, llega la primavera y el verano, y recibe a cientos de curiosos y turistas que quieren disfrutar de un día en este peculiar lugar. Aunque ha enamorado a muchos, hay quien tiene una actitud crítica con este pueblo por opinar que tiene una intención claramente turística. Quizá tengan razón con su crítica, pero aún así sigue mereciendo la pena su visita porque se ha conseguido que no desentone con el entorno.
Sin embargo, nosotros, los cuatro, hemos coincidido en que es un lugar con mucho encanto y evocador. En él se disfruta de un recorrido por sus estrechas calles laberínticas y llenas de cuestas. También de sus pequeñas casas, pintadas en color blanco y con balcones de madera. Y todas, con una estructura similar pero diferentes. Así es Binibeca, un pueblo muy pequeño en el que apenas viven 200 familias, y cuya arquitectura blanca y encalada recuerda a alguna de las Islas Griegas quien las haya visitado o a nuestro Puerto Viejo de Algorta, salvando las distancias. Pero aparte de este pequeño poblado de casas arracimadas y blanqueadas, Binibeca alberga una bonita iglesia, una plaza Mayor y un paseo marítimo, todo ello peatonal y minúsculo: tres de los puntos más interesantes de la zona y de los primeros que se construyeron. Su visita es obligada y agradecida. Nos fuimos de allí porque debíamos proseguir nuestro camino pero me juré que volvería. Necesitaba ver este pequeño rincón más a fondo.
Teníamos que seguir nuestro periplo isleña y nos dirigimos hacia otro de los lugares obligados de visita. Me esperaba una pequeña cala más como las muchas que hay a lo largo de la costa pero me encontré con una playa de varios kilómetros con fina arena y aguas cristalinas y plana, sin ningún tipo de oleaje al estar muy bien protegida de las corrientes y de los vientos. Es como una piscina en la que puedes andar cientos de metros hacia el mar adentro en la seguridad de que no te cubrirá más allá de la cintura. En su alrededor, una infraestructura hotelera y hostelera enorme y con todas las comodidades para pasar una temporada placentera y segura en familia. Los niños lo agradecerán porque es un lugar ideal para su disfrute. Es «Cala Galdana«.
Pero antes de llegar a ella hay que desviarse mínimamente para verla, en toda su amplitud, desde arriba. Desde el «Mirador de la Punta» se puede descubrir toda la belleza de su entorno en un solo vistazo. El despliegue de la playa, sus paseos, sus hoteles, uno de ellos enorme que desfiguran la magnífica vista que se podría apreciar sin él. Un lugar para disfrutar del mar, de la playa y de los chiriguitos y restaurantes, que los hay en abundancia. A su hora, nos entretuvimos en saborear una paella de marisco que estaba excelente no sin antes degustar una ensalada de tomate y atún a la que no le hicimos ascos. Comida agradable con precios ajustados.
No muy lejos de allí, a unos 40 minutos andando por el litoral se encuentran dos de las calas más bonitas y famosas de la isla, Cala Macarella y Cala Macarelleta, pero nuestras condiciones físicas nos aconsejaron decidirnos por otra opción más cómoda e irnos al Hotel a descansar. Las calas las veríamos en postal o desde el mar si teníamos la oportunidad de hacer un crucero por la costa.
Cala Galdana vista desde el «Mirador de La Punta»
Capítulo aparte merece otra de las calas que dicen que es la más hermosa de toda la isla y que se ha hecho famosa, además de por su belleza, por los anuncios de Televisión que se han rodado en ella. Se puede acceder en coche y recorrer los últimos 10 minutos a pie. Se puede acceder a ella, también, desde Cala Galdana, andando cerca de una hora ya que se encuentra relativamente cerca de la Cala Macarella y se puede llegar a ella por mar. Su nombre, que no ha sido elegido al azar, está más que justificado ya que contiene unas aguas limpias de un azul intenso, una arena blanca finísima y una protección única escondida entre pinos y practicamente sin olas y sin mareas. Un lugar para admirar mientras los seres humanos sigamos comportándonos adecuadamente para que el entorno se mantenga lo más virgen posible. Es «Cala Turqueta«.
Cala Turqueta.- Menorca
Menorca te dá y permite apostar por muchas opciones. Principalmente la de estar tumbado todo el día en la arena y disfrutar de sus playas paradisíacas, dormitando bajo el intenso sol que te alienta a soñar . Pero nuestras opciones iban por otros derroteros, nuestro goce era el de la vista, el goce estético de todo lo que veíamos, disfrutando de todas las bellezas naturales, sus poblaciones de postal, sus caminos transitables en medio de una naturaleza salvaje, sus monumentos prehistóricos o su fauna y flora desbordantes y deslumbrantes. Sin olvidarnos de su gastronomía de la que también hemos disfrutado de lo lindo.
Y uno de los lugares de los que se olvidan muchos de los que vienen a visitar esta isla son los múltiples y distintos «Talayots» que la jalonan. Cuando visitamos cualquier pueblo, además de gozar de las vistas, nos gusta conocer un poco de su historia pero habitualmente nos olvidamos de su prehistoria porque no la vemos al estasr en sitios apartados. Aquí se ve, y se palpa. Uno de los días que teníamos programado para ir a Ciudadela, nos adentramos por una carretera estrecha, curvada, rural, que nos llevó hasta «Trepucó«. Este es uno de los poblados talayóticos, uno de los más grandes de Menorca, con más de 4 Ha de extensión, y en su origen estaba amurallado. Actualmente sólo se conserva una pequeña parte del asentamiento: algunos tramos de la muralla con dos torres cuadradas, dos talayots, el recinto de taula y algunos restos de viviendas perfectamente visibles. El asentamiento fue destruido durante la Segunda Guerra Púnica y su abandono repentino hizo posible que en el momento de la excavación arqueológica saliera a la luz un utillaje doméstico admirablemente conservado, que está expuesto en el Museo de Menorca.
El talayot más grande y la taula están localizados en el centro de una fortificación en forma de estrella, construida en pared seca durante el siglo XVIII por las tropas españolas que sitiaron el castillo de San Felipe, en manos británicas. El poblado habría estado rodeado por una muralla, de la que se conservan algunos tramos, que se construyó sobre edificios anteriores y que fueron destruidos por esta. En la parte oeste encontramos aún dos torres de planta cuadrada que corresponden a bastiones de la muralla. En el interior del recinto se llegaron a documentar hasta cuatro talayots, de los que se conservan sólo dos a día de hoy: El primer talayot es el mejor conservado y se localiza en el centro de la fortificación de planta estrellada que construyeron las tropas españolas. Es de planta circular y de perfil troncocónico. Arriba del talayot se conserva una construcción de planta absidal con una posible columna central. El talayot se reforzó en época moderna con un muro al lado noreste para evitar la caída de este lado del paramento. El segundo talayot se encuentra situado al noroeste del poblado y se caracteriza por tener un corredor interno que sube hasta la cima del edificio.
El recinto de taula, situado al sur del gran talayot, fue excavado en 1930 por Margaret Murray con un equipo de la Universidad de Cambridge. Como es habitual en estos edificios, se localizó un notable depósito de cenizas situado a la derecha, ante la entrada. El edificio tiene planta en forma de herradura, la fachada es cóncava y está construido con muros de doble paramento. La taula, de 4’80 metros de altura, tiene la piedra soporte encajada en la roca, y el capitel simplemente está colocado en equilibrio sobre esta. La parte posterior de la taula fue reforzada con un bloque de hormigón durante la intervención de M. Murray, para asegurar su estabilidad. Hoy se haría de otra manera menos intrusiva pero los recursos disponibles en los años 30 eran estos.
Al sur del recinto de taula se llevó a cabo una intervención arqueológica en 2010. En esta zona ya había excavado M. Murray en 1930 y el trabajo que debía ser de restauración de esta área se acabó convirtiendo en excavación, donde se documentaron diferentes estructuras. Se descubrieron restos estructurales de tres casas talayóticas, una prácticamente completa y el resto correspondientes a algunas habitaciones. Se documentaron objetos de cerámica, metal y hueso. En cambio, la supuesta galería documentada por Murray corresponde a la puerta adintelada de un edificio amortizado y destruido ya en época prehistórica para permitir la construcción del recinto de taula. El material documentado en este edificio y la cronología ofrecida por una datación de C-14 lo sitúan hacia el final del II milenio (1300-1000 aC). Anteriormente a esta intervención, ya se conocían otros restos de construcciones en el poblado. La misma M. Murray en 1932 excavó al oeste del recinto de taula y documentó restos de una casa. Durante los años 1979-1986 el Museo de Menorca llevó a cabo una serie de campañas de excavación dirigidas por Ll. Plantalamor en las que se actuó alrededor del talayot noroeste y se documentó una casa entera y restos de dos más. Fuera ya del ámbito del poblado talayótico, en el camino que une el poblado con la ermita de Gracia, hay una necrópolis en la que se identifican dos cuevas con un muro ciclópeo de cierre.
Talayot de Trepucó
Nos llevó un buen rato clasificar todas las piedras pero de esta manera nos evitamos visitar otros talayots ya que éste es uno de los mejor conservados y más interesantes. Visto uno, vistos todos que diría aquel. Y nos dirigimos hacia la que está considerada como la capital de la isla: Ciudadela. Nada más aparcar, pasamos por delante de lo que los isleños conocen por «El Socorro» que no es otro que el «Convento y Claustro de San Agustín«.
El convento de San Agustín, más conocido como El Socorro, empezó a construirse a principios del siglo XVII y su construcción se prolongó hasta mediados del siglo XVIII. Sigue las pautas del barroco de la época, bajo la dirección de maestros de obra mallorquines. El claustro, de notables proporciones, es un rectángulo delimitado por seis arcos en los lados más largos y cinco en los otros dos, con corredores cubiertos por bóvedas de arista romana, en las que se pueden ver los escudos de las familias que favorecieron la construcción. En el centro del jardín hay una gran cisterna con cuello monolítico blasonado. La iglesia, anexa al claustro, es de estilo renacentista, con una sola nave y capillas laterales, cubierta de bóveda de cañón y crucero coronado por una cúpula. A finales del siglo XVIII experimentó una gran reforma, con la construcción del retablo mayor, el órgano y la decoración interior, que dejó las vueltas, cúpula y muros recubiertos de pinturas murales. La fachada, definida por dos torres gemelas, presenta una portada del siglo XIX, con tres puertas abiertas a un gran atrio.
Claustro del Convento de San Agustín, llamado «El Socorro»
Durante la guerra civil sufrió importantes agravios que significaron la desaparición de los retablos y demás mobiliario litúrgico, y las décadas en que permaneció cerrada o dedicada a los usos más diversos, aceleraron un desgraciado proceso de deterioro, detenido en los últimos quince años, al emprender un costoso y complicado trabajo de recuperación y restauración en curso. El Convento incluye una nueva ruta en la visita al Museo Diocesano que alberga algunas de las joyas y tesoros mejor guardados del Convento. De este modo, se podrá visitar el coro y el órgano del «Socors», la capilla y una exposición de maquetas obra del sacerdote José Mascaró.
Tridacna que se exhibe en el Museo que alberga el Convento de San Agustín de Ciudadela
No obstante, entre las novedades destaca con luz propia un espacio como la Biblioteca Histórica, un lugar que tal y como señala Julià resulta “francamente espectacular”, y no solo por su contenido, sino también por su diseño. Allí reside una extensa colección catalogada de libros, con varios incunables en sus estantes, y con joyas de carácter único. La visita al Convento resulta interesante por la gran variedad de material cultural que alberga. Al salir de este recinto nos dispusimos a callejear en dirección a la Catedral, otro de los edificios indispensables de ver en Menorca, sobre todo por su sobrecogedora historia en torno a las diversas guerras, conquistas y reconquistas cuyo eje en el que descargaban su odio unos y otros era esta iglesia.
Después de la conquista de Menorca en 1287 por las tropas de Alfonso III de Aragón, dió órdenes de construir esta Catedral situada en Ciutadella (1300-1362). Es de estilo gótico catalán de una sola nave, cubierta de bóveda de crucería de seis tramos. Consta de 22 capillas, las cuales están separadas por pilastras trilobuladas que culminan en capiteles decorados con motivos florales. El asalto turco en 1558 significó la destrucción de todo el mobiliario litúrgico y perjudicó gravemente las estructuras del templo, motivo por el que el 1626 se derrumbó una parte de la bóveda y tuvo que ser reconstruida dando mayor profundidad a algunas de las capillas laterales. A finales del siglo XVI se construyó la primera capilla del santísimo, actual sacristía capitular. A finales del siglo XVII se construyó la capilla de las Ánimas y en el siglo XVIII el cuerpo exterior que cobija el reloj. Fue constituida como Catedral en 1795, la iglesia de Santa María de Ciutadella experimentó importantes reformas a lo largo del siglo XIX.
Durante la guerra civil en 1936 la Catedral fue saqueada por tropas incontroladas del Frente Popular y perdió todo el patrimonio. Al finalizar la guerra se realizó una gran reforma y en el 1986 se puso en marcha un proceso de restauración integral en este importante monumento del gótico catalán que dio al templo una nueva fisionomía, dando protagonismo a la luz gracias a la colocación de cinco vidrieras y la restauración del ábside.
Interior de la Catedral de Ciudadela
Exterior de la Catedral de Ciudadela
Nos despedimos de la Catedral para dirigirnos al famoso puerto, un lugar con encanto y un ambiente «estiloso» como se dice ahora. Pasear por este puerto es disfrutar de uno de los lugares más visitados y con más magia de la isla. A pesar de su pequeño tamaño, llaman la atención sus completas infraestructuras y sus cuatro puertos destinados a diferentes funciones: pesquero, deportivo, comercial y de pasajeros. Para acceder al puerto, hay que bajar unas escaleras que nacen de la plaza des Borns. Merece la pena visitarlo tanto de día como de noche, porque el ambiente es totalmente diferente. Por la mañana, conoceremos cómo es la vida portuaria en la isla y veremos los barcos pesqueros tradicionales amarrados al muelle, así como sus tiendas llenas de artesanía y recuerdos de la isla.
Por la noche, el puerto se transforma en un lugar maravillosamente iluminado, que refleja su vida nocturna en las aguas y podremos disfrutar de una velada romántica o en familia en cualquiera de sus terrazas, restaurantes o simplemente, dando un paseo por él y contemplando las embarcaciones y yates que descansan sobre sus aguas. Una de las mejores cosas que podemos hacer cuando visitamos un lugar nuevo es dejarnos llevar por los sentidos y descubrir nuevos sabores y aromas. No solo visitar y caminar por la ciudad es importante, también conocer de primera mano su gastronomía nos ayudará a disfrutar más de cualquier rincón. Y en este puerto los restaurantes donde disfrutar de una buena gastronomía son múltiples y variados, para todos los bolsillos. Quizá los mejores sean los que quedan a la izquierda de las escaleras de bajada, junto al puente que lo cruza, pero tiene un inconveniente que el Ayuntamiento debería de cuidar: los malos olores que provienen de las cloacas que vierten los detritus a ese pequeño brazo de mar que sólo llega hasta ahí. Sin duda, uno de los mayores atractivos que ofrece este puerto es hacer un paseo relajado nocturno haciendo una parada en alguna de las terrazas para disfrutar de la quietud y de la luz que desprenden los múltiples focos que lo iluminan.
Puerto de Ciudadella con su Ayuntamiento en lo alto
Aunque nosotros no las hayamos visto, varios lugareños nos han hablado de un fenómeno que cada ciertos años sucede en este puerto y que, al menos, debemos conocer y hablar de él. En algunas ocasiones, se ha producido en las islas Baleares un fenómeno propio de esta zona llamado “rissagas”, que suele ocurrir entre los meses de abril y septiembre. Se trata de unas mareas muy fuertes que se traducen en bajadas muy bruscas del nivel del mar, haciendo que el puerto pueda quedarse sin agua. Sin embargo, el agua vuelve a su lugar de origen con una fuerza incalculable arrasando con todo lo que encuentra a su paso y haciendo chocar unas con otras a las embarcaciones que encuentra por el camino. La última vez que ocurrió fue en 2006, cuando el puerto sufrió una rissaga muy fuerte que llegó a destrozar gran parte de las embarcaciones que se encontraban en el muelle, locales, restaurantes y garajes. Sin embargo, aunque la ciudad corre el riesgo de que pueda volver a ocurrir, está más que preparada para ello y viajar a Menorca es muy seguro.
No es lo único que hay que ver y visitar en esta bonita ciudad. Desde luego, el centro neurálgico de la ciudad es la «Plaza des Born» presidida por el edificio del Ayuntamiento y puerta de entrada al casco histórico. Rodeada de edificios históricos como el Teatro, el Palacio Salort y el Palacio Torressaura, la plaza tiene en la zona central un obelisco de 22 metros en honor a la gran batalla que se produjo en 1558 contra el ejército turco y en el que en verano se monta un mercadillo de artesanías. Además, en esta parada obligada, si no has desayunado o tienes hambre, es aconsejable comerte un delicioso «llonguet de sobrasada, queso y miel» en el emblemático Bar Imperi. Una vez puesto tu estómago al día, se puede continuar paseando por la Calle Josep María Cuadrado o Ses Voltes, una calle famosa por sus característicos pórticos arqueados que va desde la plaza de la Catedral hasta la Plaza Nova. Durante el recorrido pasarás por delante de Es Ben, un monumento caracterizado por una oveja llevando la bandera de Ciutadella, y por numerosas tiendas de ropa y tabernas donde tomar algo. Al final de la calle se encuentra la Plaza Nova, una de las plazas emblemáticas de la ciudad, donde puedes tomar en alguna de sus terrazas la famosa «pomada» (una bebida elaborada con gin y limonada), típica de la isla.
Si lo que buscas para comer es otra alternativa distinta de los restaurantes del Puerto, acércate hasta el Mercat des Peix para ver la amplia y variada oferta de pescado y marisco fresco. Situado en un bonito edificio de planta rectangular y con una caseta central hexagonal en el interior, este mercado está rodeado de pórticos con restaurantes donde tapear o tomar un vinito como el famoso Ca’n Rafa, y una zona con puestos de venta de carnes y verduras locales.
Como teníamos pensado volver a Ciudadela, decidimos ir a conocer otra parte de la isla. Hasta ese momento nos habíamos desplazado del Este al Oeste pero nos quedaba el Norte por visitar y allí nos fuimos. A mitad de camino entre las dos ciudades más importantes, Mahón y Ciudadella, se encuentra el pueblo de Es Mercadal. Hasta allí nos dirigimos para dejar la carretera general y disviarnos hacia el norte donde la Bahía de Fornells despliega toda su hermosura. Una localidad marinera de apenas 1.000 habitantes que, en tiempos, fue fundamental para la defensa de la isla frente a las incursiones de los piratas, gracias a su bahía natural. Puerto de pescadores, villa marinera de típicas casas adosadas unas a otras pero lo único que tienen semejante es su color blanco impoluto. Es uno de los lugares más encantadores de la isla por lo que hay que girar una visita sí o sí, por sus casas encaladas, sus calles y paseos con olor a mar, por sus restaurantes con una gastronomía tradicional y a la vez original donde destaca la «caldereta de langosta«, y su puerto deportivo y pesquero accesible para cualquiera. Estamos hablando, naturalmente de Fornells.
Esto es lo que se percibe a primera vista, nada más llegar. Pero Fornells alberga en su entorno otras muchas cosas que ver, como el Castillo de San Antonio, defensa en el siglo XVII de los asaltos que venían por mar, la Iglesia de San Antonio Abad construida al mismo tiempo y ligada al castillo, destaca por su blancura que se puede ver desde lejos, la Ermita de Lourdes que es una pequeña cueva de roca natural que la proteje del viento de la tramontana y que cobija un pequeño oratorio que aporta una dósis de emoción al bonito entorno que la rodea. Todo ello inmerso dentro de una Bahía que contiene la típica estampa mediterránea: un mar que ha dibujado un perfil rocoso sobre el que crecen bosques de pinos y otras especies autóctonas. Lo habitual es ver numerosas embarcaciones de recreo que recalan en este refugio natural. Así, sus tripulantes pueden disfrutar del baño en sus aguas transparentes y de la increíble riqueza de los fondos marinos, visitando el Cabo de Cavallería que se levanta sobre acantilados que superan los 90 metros y su faro que parece hecho allí para que le hagan fotos o se rueden películas de lo hermoso que es.
Vista general de Fornells en la Bahía que lleva su nombre con la Isla de Ses Sargantanes
Otra de las construcciones que hay que ver en Fornells y que destaca por su tamaño es su torre. Torre de defensa costera inglesa construida entre los años 1801 y 1802. Es una de las de mayores dimensiones de todas las torres inglesas hechas en Menorca y su aspecto exterior es distinto al de las otras construidas en el mismo periodo, porque en la planta baja se hizo un refuerzo o talud y por el parapeto cilíndrico de la planta superior en voladizo moldurado que sobresale todo él del paramento exterior de la torre y descansa en ménsulas. Se restauró y se abrió al público en el año 2000 con un sistema museográfico sencillo y cuidadoso. Cualquier visitante podrá darse cuenta inmediatamente de que esta torre era de defensa ante los peligros de asalto que llegaban por el mar, constantes en la historia de Menorca.
Torre de Fornells
Así abandonamos este pueblo que es un lujo para la vista (gratis) y para el estómago (carísimo) de aquellos que se sienten en cualquiera de sus muchos restaurantes a degustar su famosa «caldereta de langosta«: muy buena, exquisita pero pagada a precio de oro. Tocaba volver al Hotel para un merecido descanso después de seguir al pié de la letra el Manual que todo turista debe llevar sabido y aprendido. Después de una cena abundante, probando de todo y regado por un buen vino, de Rioja naturalmente, sólo nos quedaba degustar una copita en la terraza admirando una puesta de sol perfecta, rodeados de una buena música ambiental satisfechos por ir a la cama con los deberes hechos y cumplidos. Quedaban más días.
Y al día siguiente decidimos irnos, previo consenso, a descubrir el Este, de Sur a Norte. Lo fundamental de esta ruta del Este es el Parque Natural de S,Abufera des Grau, que es un espacio natural protegido que incluye una gran diversidad de ambientes con mayor o menor grado de intervención humana: humedales, terrenos agrícolas y ganaderos, bosques, el litoral con acantilados y playas, islotes y zonas marinas.
El Parque natural de s’Albufera des Grau, así fue declarado por el Decreto 50/1995 de 4 de mayo, después de años de movilizaciones sociales que pedían la protección de la zona ante la posibilidad, ya proyectada, de levantar el despropósito de una urbanización de lujo con campo de golf incluido. En el año 2003 se ampliaron los límites del Parque hasta ocupar un total de 5.006 Has, tanto marinas como terrestres, y se declararon cinco reservas naturales (las islas d’Addaia, s’Estany, bassa de Morella, es Prat y la isla de En Colom) con el objetivo de conservar los lugares especialmente sensibles y con valores de gran interés. Además, casi toda la zona está incluida dentro de una Área Natural de Especial Interés (ANEI) que forma parte de la Red Natura 2000 y es núcleo de la Reserva de la Biosfera.
En este Parque están bien representados diferentes elementos del patrimonio cultural de Menorca. La riqueza de elementos arqueológicos y etnológicos es testimonio de la convivencia del ser humano con la naturaleza propia de esta zona desde tiempos prehistóricos. Quedan algunas casas de fincas rústicas representativas de la arquitectura tradicional menorquina. Si a ello le unimos la variada fauna y flora en la zona observaremos multitud de habitats diferentes donde conviven muy variadas especies, incluso con actividad ganadera que ha tenido un papel decisivo en su mantenimiento natural.
No llegamos a ir porque ya nos indicaron que no se podía penetrar con el coche y que rodear toda la albufera nos llevaría un tiempo del que no disponíamos ni tampoco ganas de pegarnos una gran caminata por lo que decidimos ir directamente hacia uno de los lugares más al este de la isla: El Faro Favaritx y que está dentro de los límites de la Albufera. Pero no puedes acceder hasta él con el coche, lo tienes que dejar aparcado como a dos kilómetros e ir andando. El ecosistema que nos rodea es típico sólo de esta isla, es lo que ellos llaman “El Cos de Sindic” que es una charca temporal mediterránea. Estos ecosistemas son muy singulares puesto que tienen agua durante la época de lluvias y se secan en verano. Las especies que lo habitan tienen que estar adaptadas a esta circunstancia. A pesar de que no lo parezca, en el barro de una charca seca existe mucha vida latente en forma de semillas, esporas, huevos o capullos que esperan las primeras lluvias para germinar o eclosionar.
El Cos de Sindic es una de las charcas temporales más peculiares de Menorca, dado que se alimenta tanto del agua de lluvia como del agua del mar que le llega cuando hay temporales fuertes. Por eso, la charca es salobre y en ella viven especies de algas y animales acuáticos microscópicos únicos en la isla. Para cuidar que esto siga en estas mismas condiciones se han tomado una serie de medidas disuasorias para que ni personas ni otros animales pasen y hollen este ecosistema tan singular. Por lo que pude observar, las personas que se acercan hasta este lugar, son muy respetuosas con el habitat que les rodea, haciendo sólo uso de lo permitido que se refleja en algunos carteles situados estratégicamente, colocando de manera disuasoria una serie de cuerdas que delimitan el parque. Ello ha posibilitado que en unos pocos años se haya recuperado la vegetación e incluso la nidificación de aves que se crían en el limo y que ahora se encuentran protegidas.
L,Albufera des Grau, el pulmón verde de Menorca
Después de dejar el coche en el lugar habilitado para ello y que, además, es gratis, tienes dos opciones: Esperar al autobús que hay cada hora o ir caminando los 2-3 Kms de distancia que hay hasta el Faro. Como quedaba mucho tiempo para tomar el autobús decidimos ir caminando observando toda la flora que está a la vista, entre ella un árbol que se me hizo muy conocido y reconocible: los tamaríz, no confundir con el tamarindo que es un árbol tropical que da un fruto muy común en la cocina tradicional de la India, por ejemplo.
La historia de este faro está basada en que la propia construcción del Faro de Favàritx, fue de vital importancia y gran prioridad debido a los muchísimos naufragios habidos a lo largo de los tiempos en la costa norte de Menorca. Dicen, se cuenta, que entre los siglos XIV y XIX hay registrados más de 700 naufragios solo en esta parte de la costa. Contra esta desastrosa cifra, y movidos además por el naufragio de dos importantes barcos franceses llamados “Isaac Pereire” y “Général Chanzy”, que formaban parte de la Compañía General Transatlántica Francesa, se decidió ampliar la iluminación en la zona Norte de Menorca, dando lugar así a que existieran los 3 faros que actualmente vigilan e iluminan la zona, que son los faros de Punta Nati, Cavalleria y Favàritx.
Las obras de este faro, tuvieron lugar en Julio del 1917 pero por varios problemas, tales como la falta de fondos para su construcción o como problemas con los propietarios de la finca donde se iba a edificar, se alargó hasta 1922, año de su inauguración. Durante el año 1971 se procedió a cambiar el sistema de funcionamiento del faro por el sistema eléctrico. Actualmente en las dependencias del Faro de Favàritx, no vive nadie al cargo del faro, pero sí que podemos encontrar dentro una exposición de señales marítimas a la que sólo pueden acceder asociaciones y escuelas previa cita. Nosotros no pudimos ni siquiera acercarnos ya que está vallado y su acceso es bastante complicado por el tipo de roca y los acantilados de pizarra que hay a su alrededor . Se libros dicen que el Faro de Favàritx se construyó con la misma roca que encontramos en las inmediaciones del faro, ya que además, hay una antigua cantera cercana de la que se extraía el material para construirla. Este lugar proporciona unas panorámicas de excepción en jornadas de sol, pero también durante los días de lluvia tiene su interés el acercarse porque proporciona unas tonalidades de grises que no se ven en otros lugares.
El Faro Favaritx.
Por su cercanía al mar, el paisaje proporciona ese contraste de conjunto que no se da en ningún otro faro de la isla y que cambia según te vas acercando al faro y ves más cerca su imponente figura. Una vez visitado el faro, muchas personas, para pasar un buen día de playa, se desvían del camino perfectamente señalizado, dirigiéndose hacia una de las dos preciosas calas, a las cuales no llegamos, cala Presili y cala Tortuga, dos playas que, si tienes buenas piernas, no te puedes perder al menos durante un día de tu estancia en la isla. Ante la alternativa de estar casi media hora esperando al autobús, tomamos la decisión de volver también andando, por lo que hicimos una buena caminata, eso sí, por un lugar insólito, de pizarra negra, lleno, entre otras plantas y arbustos, de retorcidos tamaríz azotados por el viento, muy conocido por los arenales cercanos a nuestras playas de Getxo.
No muy lejos de este lugar, nos encontramos con una playa insólita, muy adecuada para que los niños disfruten de lo lindo mientras los adultos se aprovechan de un sol radiante, sin miedo a que sus vástagos se ahoguen porque no cubre más que hasta la rodilla, sin roca, todo arena y con un agua cristalina que invita a darse un chapuzón, aunque tengas que andar un ciento de metros para que, al menos, te cubra hasta la cintura.
Vista parcial de Es grau y su playa. En la casa de el medio, el Restaurante donde comimos.
El pueblo, Es Grau, muy pequeño, pero con las casas típicas encaladas que se asoman hasta la misma playa semicircular, incluso algunas, como si fuese un aligustre, sobre el mismo mar. No hay olas, no hay prácticamente mareas, mar plano y aguas limpias, fondo arenoso de poca profundidad, la playa de arena fina y de fondo grisáceo, protegida por la Isla de Colom. El pequeño pueblo de pescadores se ha convertido en una urbanización de segundas residencias propiedad en su mayoría de menorquines, que disfrutan de una gran tranquilidad, a diferencia de las bulliciosas urbanizaciones turísticas. En el muelle subsisten aún algunos pescadores profesionales. Su carácter tranquilo, la seguridad que ofrecen sus cristalinas aguas y el amplio espacio disponible para los bañistas, la convierten en un lugar ideal para familias con niños y para aquellos que deseen pasar la noche fondeados.
Allí comimos, al borde de la playa. Trato extemporáneo de parte de la persona encargada que sabe que su (mal) comportamiento no va a redundar en una merma de su clientela. Raciones cortas y precios muy caros para lo que ofrecen. Podemos decir que pagas un plus por el lugar, pero el lugar no se come, sólo se contempla y por mirar, por ahora, no se paga. En definitiva, un lugar paradisíaco para estar y disfrutar del buen día con la tartera repleta de tortilla de patata, filetes rebozados y pimientos verdes para degustar sentado en el suelo como se hacía cuando éramos niños. Añoranzas de tiempos pasados que ya no volverán.
Íbamos acercándonos por toda la costa este de norte a sur hasta Mahón, por lo que, de camino, nos aproximamos hasta otra de las playas de blanca arena, posidonia y aguas cristalinas recomendada por su cercanía a esa ciudad y por su fondo rocoso lo que la hace idónea para la pesca submarina o buceo de superficie. Es Sa Mesquida un pequeño pueblo de pescadores con una playa considerada casi virgen por su buen grado de conservación que en lo alto de la ladera tiene una torre de defensa construida en el siglo XVIII por los ingleses. Aquí desembarcaron tropas hispano-francesas dispuestas a conquistar Menorca pero no consiguieron arrebatárselas a los británicos. Para acceder a la playa hay que dejar el coche aparcado arriba, como a unos quinientos metros, pero el camino de bajada está bien para trasladar y cargar con los trastos propios que se necesitan para pasar todo el día, el acceso es fácil y la belleza del paisaje asombrosa.
Antes de llegar a Sa Mesquida hay un encantador núcleo de casas de veraneo ocupadas en su mayoría por población autóctona. A pesar de que la urbanización ha crecido con el paso de los años, el conjunto no ha sufrido el deterioro de otros núcleos costeros como consecuencia del auge del turismo y conserva todavía, hoy en día, el ambiente pesquero de antaño. La visita a esta playa fue corta pues nuestra acompañante Mari se sentió indispuesta por lo que volvimos al Hotel para que descansase y se repusiese como así sucedió a las pocas horas.
Playa de Sa Mesquida, cercana a Mahón.
Custodiando la playa y mirando hacia el mar, en lo alto, se encuentra una torre de defensa inglesa. Construida por los británicos entre 1798 y 1802. Está situada sobre una elevación rocosa que divisa la bahía de Mesquida. Tiene un matacán muy reforzado para rechazar ataques terrestres desde el oeste en sus dos plantas; en la planta baja tiene tres aberturas de ventilacion y dos ventanas algo más arriba. La puerta de acceso está en la planta baja, pero como suele ocurrir en este tipo de torres, su construcción fue posterior, ya que normalmente las puertas de entrada solían estar en alto para su mejor defensa. La puerta original se encuentra actualmente medio paredada y convertida en ventana.El espacio interior es de planta circular. En la parte de levante existe una cisterna subterránea.
Pero lo que antiguamente fue una construcción de defensa naval hoy es de titularidad privada ya que en 1972 se acordó su venta en pública subasta, adjudicándose en 1980. En la actualidad se usa como almacén doméstico y el antiguo cuerpo de guardia, en la edificación adjunta, como vivienda. Destaca en medio de la blancura que domina en toda la isla, por su color oscuro, debido al tipo de piedra extraida de las canteras cercanas al lugar que me recordó a la «Porta nigra» de Tréveris en Alemania.
Torre de defensa inglesa en lo alto de la playa de Sa Mesquida.
A la hora litúrgica de las Vísperas nos recogimos en el Hotel hasta que llegaron las Completas en que nos fuimos a descansar porque nos lo habíamos merecido después de un agotador día. Quizá para otros más jóvenes hubiera sido sólo un paseo más bien trivial, pero para nosotros fue un día ajetreado y bien aprovechado, ya que vimos lugares insólitos y en una buena sintonía con la naturaleza agreste que presenta esta isla. Quizá, por una vez, este hecho haya que ponerlo en el Haber de las Instituciones.
Al día siguiente nuestra intención era quedarnos en Mahón y descubrir sus alrededores. Desde los miradores existentes en el centro de la ciudad, se adivina a lo lejos, al otro lado del estuario, una fortaleza que es evidente que se construyó como defensa contra los ataques de cualquier enemigo que quisiera atacarla por mar. Y hacia allí nos fuimos sin ser conscientes de lo que íbamos a descubrir. Porque aquello que se veía a lo lejos era nada menos que la Fortaleza de Isabel II o de la Mola como también se le llama. Por lo visto después, esta visita se ha convertido en una experiencia única en Menorca que ya han vivido más de 500.000 personas que se habrán quedado atónitos como nosotros ante la magnificencia y grandiosidad de esta obra. Una visita obligada para entender la historia de la isla y poder alabar el trabajo de aquellos hombres que la levantaron.
Situada en la entrada al Puerto de Mahón, ofrece bellísimas vistas de la bahía, del litoral y de la salida del primer sol de España. Es una de las mayores fortalezas europeas construidas en el siglo XIX con un magnífico trazado y excelente conservación. Yo no he visto en ningún otro lugar una construcción tan magnífica como ésta. Está declarada Zona Especial para la Protección de Aves y Lugar de Interés Comunitario para garantizar su protección. Los valores monumentales, naturales y paisajísticos que ofrece el recinto de La Mola, permiten disfrutar de diferentes lugares y monumentos históricos que ofrecen una visión muy completa de la historia del siglo XVIII, XIX y XX en la isla. Desde los distintos miradores que hay en todo el territorio de La Mola se puede observar con detalle todo el Puerto de Mahón y la costa menorquina. Eso sí, la fortaleza de la Mola que ha llegado hasta nuestros días es una obra española, iniciada después de la demolición del castillo de San Felipe (muy cercano), como consecuencia de la reactivación de las tensiones internacionales en el Mediterráneo Occidental, cuando Francia ocupó Argelia.
Desde este mirador se ve el emblemático Clot de La Mola, una pequeña ensenada donde fondeaban los barcos en los siglos XVIII y XIX.
Los acontecimientos políticos ocurridos desde el siglo XVI hasta finales del XIX aconsejaron levantar una fortaleza que sirviese de escala marítima del enlace de la Corona de España con sus posesiones en Italia; después , durante el dominio inglés de la isla fue puerto de apoyo de su escuadra naval en el Mediterráneo, y por fin, en el XIX se trocó en la encrucijada de la ruta francesa de Tolón a Argel y la ruta meditarránea inglesa de Gibraltar a Malta. Con estos antecedentes, el lugar debía de reunir todas las características de un lugar inexpugnable para cualquier fuerza que quisiese atacarla. Desde luego, si fueron soldados españoles los que tuvieron que arrimar el hombro y poner sus riñones al jerez, mal lo tuvieron que pasar para levantar una obra de esta envergadura que me ha impresionado y así quiero dejar constancia de ello. Me pareció, con los elementos de ejército que había entonces, inexpugnable. Hoy en día sería otra cosa, sólo serviría de refugio por las galerías que alberga. No voy a hacer más descripciones. Una imágen vale más que mis palabras, las que pueda imaginar y escribir.
Entrada por la Puerta de la Reina
Vista desde una de las atalayas
Los acontecimientos a nivel internacional que se iban sucediendo a mediados del siglo XIX aconsejaban que el Gobierno español aprobara un nuevo criterio para la defensa de Menorca y tan graves fueron que incluso desde la Cámara de los Lores británica se hizo hincapié en que si España no defendía convenientemente la isla, sería Inglaterra quien lo haría tomando las medidas que fueran necesarias para evitar que otra potencia la ocupase. No me voy a extender más. Es imponente, impresionante y es de justicia que así lo refleje aquí tal como lo pienso. En su época tuvo que ser tanto por tierra como por mar, inexpugnable.
Anonadados por lo visto, salimos de aquella fortaleza con la sensación de que ¡qué más teníamos que ver de lo hecho por la mano del hombre para saciar nuestra curiosidad! Y como el plan ya lo teníamos diseñado desde el día anterior, nos dirigimos de vuelta al puerto de Mahón con la intención de embarcar en uno de los pequeños Ferrys que hacen la ruta hasta la Isla del Rey. El día estaba perfecto para navegar. No hacía bochorno, pero buena temperatura, el cielo limpio para poder apreciar ambas orillas que ofrece la ensenada del puerto de Mahón. Y como hay por toda la isla menorquina, pequeños islotes con vida propia que le dan un aspecto distinto. En el caso de la Isla del Rey es el motivo perfecto para vivir lo que ha sido parte de la historia del Mediterraneo occidental, donde se encuentra un edificio singular del siglo XVIII y los restos de una basílica paleocristiana del siglo VI a la vez que su flora y fauna autóctonas la han convertido en un referente como espacio natural protegido.
Navegando hacia la Isla del Rey Vista aérea de la Isla del Rey Una travesía de unos 15 minutos nos dejó en el pequeño atracadero allí existente, siendo de nuestra cuenta el ir descubriendo todo lo que esta pequeña isla nos ofrece que es mucho. Ya en alguna ocasión he dejado claro que cuando voy a visitar un sitio me gusta ver todo, y a poder ser, solo. A veces hasta cometo imprudencias porque me adentro en lugares que no debería. Pero qué sentido tiene ir de visita y marcharte con la sensación de que no has visto todo, que te has dejado cosas por ver y que ya no vas a tener la oportunidad nunca de conocerlas. Por eso, nada más saltar a tierra me separé de los demás, que ellos fuesen a su aire, y yo al mío. Pero antes se requiere contar algo de la historia de esta isla.
La Isla del Rey, también conocida como Illa del Rei, debe su nombre a la llegada del rey Alfonso III de Aragón en 1287, quien desembarcó en este islote durante la conquista de Menorca. Sin embargo, la historia de la isla se remonta mucho más atrás, con evidencias de ocupación romana y restos de una basílica paleocristiana del siglo VI. Esto es lo primero que exploré para darme cuenta de la importancia que tenía una visita concienzuda para caer inmerso en la historia más antigua que se conoce de Menorca, aprendiendo la importancia estratégica que tuvo tanto en guerras y conquistas que han marcado la historia no sólo de la isla sino de todo el Mediterráneo.La basílica de la isla del Rey, que así se la llama, es un yacimiento arqueológico correspondiente a un edificio paleocristiano destinado al culto, descubierto en 1888, cuando casualmente apareció un mosaico que presentaba semejanzas con el de la tunecina Sinagoga de Hamman-Lif . Su excavación sistemática no comenzó, sin embargo, hasta 1964, la cual permitió identificar un edificio basilical de 18,5 metros por 11,5 de tres naves separadas por columnas, con mosaicos de tradición siriaco-africana, piscina bautismal circular, restos del ara y de la columna que le daba soporte. Asimismo se localizaron estancias anexas, lo que ha hecho suponer que podía tratarse de un monasterio. Presenta similitudes constructivas con la Basílica des Fornás de Torelló, restos arqueológicos del siglo VI que están cerca de Mahón, y se supone que su construcción debió ser realizada tras la conquista bizantina, en el primer tercio del siglo VI.
Uno de los elementos más destacados de la Isla del Rey es el antiguo hospital militar británico, construido en 1711 durante la primera ocupación británica de Menorca. Este hospital, uno de los primeros de su tipo en Europa, fue utilizado para tratar a los soldados heridos en las numerosas batallas navales que tuvieron lugar en el Mediterráneo. Pero según Menorca fuera ocupada por unos u otros, el hospital iba siendo ocupado por ingleses, franceses y españoles, siendo utilizado también por personal de diversas armadas que actuaban en el Mediterráneo como la estadounidense, la holandesa o la italiana. En el año 1802 pasó definitvamente a la Corona Española que lo mantuvo como Hospital hasta que en 1964 fue trasladado el Hospital a Mahón y posteriormente evacuado y abandonado el edificio.
En la actualidad, la Isla del Rey es gestionada por la Fundación Hospital de la Isla del Rey, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la preservación y promoción de este patrimonio histórico. Gracias a los esfuerzos de la fundación, se han llevado a cabo numerosas restauraciones habiéndose convertido en un museo que ofrece una visión fascinante de la medicina militar del siglo XVIII y se organizan visitas guiadas que permiten a los visitantes conocer en profundidad la historia y los secretos de esta pequeña isla. Además esta Fundación organiza allí eventos y actividades con el fin de enriquecer las experiencias de los visitantes y ayudar a llegar a una comprensión más profunda de la historia y de la importancia de este paraje singular. Por todo ello, La Isla del Rey es una parada obligada para cualquier visitante de Menorca. Su rica historia, su belleza natural y las actividades culturales que ofrece la hacen un destino fascinante.
Hospital Naval y Militar durante 3 siglos
En estas 20 salas de la planta baja y alguna del semisótano se ha procurado recoger y exponer lo relacionado con este edificio que fue Hospital desde 1711. Todo lo que se exhibe es fruto de donaciones o depósitos y de las ayudas voluntarias que han permitido lograr la recuperación de cada sala. Este edificio había quedado en ruinas tras 40 años de abandono (1964-2004) durante los que sufrió la invasión de la vegetación, las aguas, los animales y el expolio. Su recuperación ha sido posible gracias a la iniciativa de la Sociedad y su colaboración voluntaria.
Dedicado principalmente a la medicina y cirugía en sus diversas especialidades así como a farmacia y prestando atención a ciertos acontecimientos dignos de ser recordados, recoge la historia y evolución de la medicina en los 300 años de vida del Hospital. Las presencias internacionales, interesadas por Menorca y su Puerto de Mahón, han dejado también su legado médico, social y cultural durante todo este tiempo.
En estos momentos se está en proceso de restauración y equipamiento de todas las salas del primer piso gracias a la «Fundación Hospital de la Isla del Rey«, pero algunas ya son visitables y así lo he hecho.
La planta superior dedicada al Puerto de Mahón procura ofrecer al visitante una visión estructurada de su historia, actividad, aportación a la vida de la Isla y su importancia en el Mediterráneo. La visita se realiza por salas en las que se encuentran descripciones, imágenes y textos o videos relacionados con el sentido de cada sala. En ellas se hayan datos relacionados con la presencia de las diversas naciones que han utilizado este Puerto y el legado que han dejado cada una de ellas en Menorca, así como su influencia en la Sociedad. También se ofrece una visión de la vida en el Puerto, su actividad, industria y comercio todo ello muy relacionado con el sector naval y su economía.
Siguiendo nuestra ruta nos llevamos una gran sorpresa porque otro de los edificios que hay, alberga exposiciones de arte de una manera contínua, alternando artistas de diversas facetas del arte y en el momento de mi visita, el artista «invitado» era nada menos que Chillida. Es lo que se llama Centro de Arte Hauser & Wirth.-A lo largo de la exposición se presenta una selección de obras de Chillida sobre pedestales realizados en marès, la piedra local con la que se construyó el edificio del siglo XVIII que alberga la galería. El concepto de presentación ha sido desarrollado por el arquitecto Luis Laplace, que dirigió la restauración de Hauser & Wirth Menorca y la rehabilitación de Chillida Leku –el museo creado por Eduardo Chillida en vida en los alrededores de Hernani (Gipuzkoa)– y pone las obras en diálogo con el paisaje circundante y la arquitectura del espacio.
‘Chillida en Menorca‘ celebra la profunda conexión del artista con la isla a través de una importante presentación de esculturas y obras sobre papel, incluidas varias creadas durante su estancia en Menorca. Con más de 60 obras que abarcan medio siglo, desde 1949 hasta 2000, la exposición ejemplifica la amplitud total de la obra de Chillida. La exposición se desarrolla en colaboración con el Patrimonio de Eduardo Chillida con motivo de los ‘100 años de Eduardo Chillida‘. En Menorca, Chillida se inspiró en la luz blanca del Mediterráneo, que contrastaba a la perfección con la “luz negra” de su País Vasco natal, como él mismo la definía. Su admiración por la luz, las canteras al aire libre de piedra de marès y los monumentos de la época talayótica, entre ellos las “taules” (mesas en catalán) en forma de T que inspiraron algunas de sus obras y que han sido reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2023.
Al salir de la exposición ví un camino que bordeaba todo el acantilado y como soy curioso por naturaleza, quise adivinar a dónde llevaba. Y en medio de arbustos caducifolios, árboles de hoja perenne, acantilados abruptos, vistas maravillosas de un mar azul intenso y cristalino, rodeé toda la isla, descubriendo lugares como la residencia donde el Almirante Nelson recibía las visitas secretas de su amante Lady Hamilton, que los demás, que se quedan en el núcleo central, no ven.
Hauser & Wirth Menorca en esta Isla comprende un espacio expositivo, un programa educativo, jardines, una librería-biblioteca y una cantina-restaurante. Este restaurante es una distendida cantina centrada en el producto local que es donde tuvimos la suerte de poder reservar y allí comimos . Con una localización inmejorable en la Isla del Rey, este ‘bistró de mar’ ofrece unos imaginativos entrantes con verduras de temporada, pescados y mariscos para compartir, y una gran selección de vinos que tuvimos oportunidad de degustar en un ambiente ajardinado y con unas vistas espectaculares de ambas orillas del puerto de Mahón. Pero a la sombra.
Sólo me quedaba recorrer las distintas salas que han ido acondicionando unos voluntarios en el edificio central, que han colocado a la isla en la escena mundial del arte y de la cultura. Mi espíritu curioso guió mis pasos hacia el antiguo hospital, con sus tres alas, sus arcadas y corredores. Y cuando me asomé a las salas de cirugía, rayos X y autopsias, al dormitorio con sus viejos jergones, al laboratorio y la botica con su extensa colección de plantas y pócimas medicinales, a la vieja capilla católica y al oratorio anglicano, a la biblioteca y a la imprenta de más de cien años que sigue funcionando…, a la historia, en fin, del magnífico puerto de Mahón… me lo encontré todo en perfecto estado de revista tal y como estaba hace un par de siglos, con los equipos y el instrumental médico de la época primorosamente catalogados.
Otra sorpresa. Una sala habilitada con esculturas de Leonardo Lucarini, hijo de Joaquín que yo conocí.
Una vez que recorrí todos los espacios posibles, sólo nos faltaba entrar en el Restaurante que atiende por el nombre de «La Cantina», que nos ofreció una Carta que rinde homenaje a la cocina menorquina y defiende los ingredientes locales. El lugar es espléndido, pasas por el edificio que a un lado tiene la cocina que no desprende olores y al otro la librería. Pero el comedor está al aire libre, las mesas dispuestas bajo la sombra de un bosque de olivos centenarios y con la vista hacia ambas márgenes del Puerto de Mahón en las que se ven diferentes casas al borde del agua y que, al no haber oleaje y ni siquiera mareas, sus habitantes disfrutan de un lugar privilegiado para vivir. Comimos bien y pagamos mucho mejor. En hostelería, como nadie ponga freno a los precios, la gente se va a cansar de pagar aunque el material sea bueno. ¡Cómo se puede cobrar por una botella de 1 l. de agua la cantidad de 6,80 euros!
Jardín de «La Cantina», un lugar especial para degustar la gastronomía isleña
Pero por muy importante que sea lo que se ve, que lo es, lo más valioso de la Isla del Rey es lo que no se ve y probablemente se le escape al recién llegado: y es que aquí, un día, alguien obró un milagro. Porque nada de esto existiría, nada, sin la acción prodigiosa de un puñado variopinto de voluntarios. Siempre los voluntarios porque las Instituciones, con artimañas, con mil razonamientos absurdos, con trucos de trileros, se desentienden del tema aunque eso sí, el día de su inauguración allí estaban todos los políticos figurando al lado del Rey y la Reina. En 2004, ante la situación ruinosa de la Isla del Rey (o del Hospital) que afecta a todos los edificios y espacios de la misma, tras 40 años de abandono, desidia y expolio, surge un movimiento popular motivado por el deseo de limpiar, mantener y adecentar el lugar. Es la vergüenza ciudadana la que actúa, por la desidia de la Administración, ante un Hospital y su historia incomprensiblemente ignorados y despreciados. Lo dicho. Siempre tiene que ser el pueblo llano y sus gentes más concienciadas los que les saquen las castañas del fuego a los políticos. Incomprensible.
El sol que picaba con fuerza y el cansancio nos aconsejaron volver a coger el Ferry de vuelta y optamos por un merecido descanso aunque ya anocheciendo nos acercamos, una vez más, al pueblo de Binibeca Vell, pero el barrio, con buen criterio, ya lo habían cerrado para que el turista respete el descanso y la intimidad de los residentes. Un día más habíamos cumplido los objetivos , el día nos había cundido y nos dábamos por satisfechos.
El cansancio se iba acumulando, la cantidad de sensaciones y emociones por lo que estábamos viendo no nos dejaban recorrido a la imaginación. Todo estaba allí. Y el día siguiente era el día que teníamos reservado para descubrir la costa desde otra perspectiva: desde la mar. El plan era acercarnos a Ciudadela, embarcar en un catamarán y pasar el día a bordo haciendo travesía por mar recorriendo toda la costa oeste de la isla, llegando incluso hasta aquellas calas a las que no habíamos podido acceder por tierra, por ejemplo, Macarella y Macarelleta. Pero la naturaleza, imprevisible, dispuso otra cosa. El día amaneció desapacible, lluvioso, ventoso y hasta con una temperatura muy baja para el tiempo y el lugar en el que estábamos. No podíamos hacer 50 kms de ida y otros tantos de vuelta para pasar un mal día con la mar revuelta y sin saber a ciencia cierta si la embarcación iba a salir siquiera. La decisión era obvia. No podíamos arriesgarnos cuando podíamos dejarlo para otro día y había otras cosas para visitar. Y esto hicimos. Desistimos del viaje y la travesía y optamos por visitar lo que más cerca teníamos a la espera de nuevos acontecimientos, es decir, una mejora del tiempo según pasasen las horas. Y nos fuimos a Sant Lluis que destaca por su casco antiguo con la Iglesia y los molinos del siglo XVIII que han parmanecido hasta nuestros días.
Esta hermosa villa heredada de los franceses fue fundada en el siglo XVIII durante su dominación de 1756 a 1763, en honor al Rey de Francia Luis IX y por lo tanto es uno de los pueblos más jóvenes de Menorca aunque está muy disperso ya que agrupa a 15 núcleos urbanos distintos, de los cuales sólo 3 son tradicionales y el resto son urbanizaciones turísticas, casi todas situadas al lado de la costa como pueden ser Punta Prima, Binibeca, Binisafuller o la Cala Rafalet. Destaca el molino de viento harinero «Molí de Dalt» (Molino de arriba) del siglo XVIII que podemos encontrar justo a la entrada y que junto con los otros molinos «d’Enmig»(Molino de en medio) y «de Baix» (Molino de abajo) forman una imagen muy característica del pueblo.
Molino del siglo XVIII Iglesia de Sant Lluis Cala de Alcaufar
Al acercarnos hasta la Iglesia, anodina por otra parte, me llamó la atención unas inscripciones en su campanario en una caligrafía que identifiqué como “aramea” o “judía” por lo que traté de enterarme, picada mi curiosidad. Efectivamente no era ni una ni otra, pero estuve cerca, era “hebreo” y la palabra que está escrita es “YAHVEH” que es el nombre de Dios en ese idioma. Quizá sea el único campanario de una iglesia católica con una inscripción tan visible. Yo no conozco ninguna otra.
El día seguía lluvioso aunque según avanzaba iba aclarando. Nos acercamos hasta otro de los pueblitos de costa que también pertenecen a Sant Lluis. Punta Prima es una cala increíble, de unos 120 metros considerada la playa turística por excelencia de la zona, que se encuentra protegida de los vientos del Sur por la Illa de l’Aire. Con lo cual no hay oleaje proveniente del Sur, aunque está desprotegida de los vientos de la cara Este de Menorca, aunque esto no debe preocuparnos, puesto que apenas hay oleaje proveniente del Este y normalmente es una cala muy apacible y agradable.
Playa de Punta Prima perteneciente al Municipio de Sant Lluis.
Se reconoce la Illa de l’Aire por su gran faro y por la cercanía de esta pequeña isla con la costa. Hay poca distancia entre el faro y la costa, sí, pero a no ser que seas una persona con una resistencia increíble a la hora de nadar, es mejor llegar a través de una embarcación a la isla, es una visita que merece mucho la pena, ya que en este islote podrás contemplar de cerca el imponente faro y con un poco de suerte, verás una especie endémica de lagartijas negras, que son capaces de mimetizarse con el entorno a través del cambio de color de su piel. La playa tiene las características del sur menorquín, de arena fina y blanca y unas aguas transparentes. Esta es otra de las playas que resulta aconsejable para venir en familia y con los niños debido a su poca profundidad. Antiguamente, los Británicos denominaron a esta playa "Sand Bay" durante las dominaciones inglesas, ya que antiguamente podemos imaginar que la zona de Punta Prima era un sistema de dunas muy grande, que se ve ocupado hoy día por el paseo marítimo y algunas zonas de la urbanización cercana. Dimos un paseo descubriendo una urbanización de villas pareadas con todos los servicios que un buen resort requiere. Y nos fuimos a comer. Elegimos uno de los muchos restaurantes del paseo de la playa. Casi no había gente pero nada más sentarnos empezaron a llegar familias y, a pesar de que era un restaurante grande y con abundantes mesas, se llenó. Bien, sin más y con precios moderados. En esta ocasión y para que se vea la diferencia, la botella de agua sin gas nos salió a 3,75 euros. Una de las cosas que tiene el hotel para uso y disfrute de sus inquilinos es el Spa y algún día teníamos que hacer uso de él, aunque sólo fuese para poder contarlo. Y así lo hicimos, reservamos para la tarde las plazas que estaban disponibles y además mi esposa y yo contratamos un masaje sensorial, nada sofisticado pero que no nos dimos cuenta en ese momento de su elevado coste. Todo está muy caro pero 95,00 euros por 50 minutos de masaje….Y luego, ya relajados, a la piscina interior, con las hamacas, las burbujitas, los chorros, la sauna, todo un ritual sensitivo que nos hizo pasar un rato muy agradable para terminar bien el día y coger fuerzas para poder desarrollar lo que, debido al mal tiempo, no habíamos podido hacer ese día. Quizá al día siguiente tuviésemos más suerte y saliese un buen día que nos permitiera hacer el minicrucero saliendo desde Ciudadela.
Pero no hubo suerte, de nuevo agua, pero de la que cae del cielo con fuerza. Toda la noche lloviendo con ganas y un amanecer gris con abundantes nubes amenazando más lluvia, lo que va a determinar la actividad del día. Por supuesto que de la travesía en barco, ni hablar. El mar no estaba para bromas y estar en el barco con chamarra, no apetece nada. Por lo tanto, un día más me tocó improvisar sobre el recorrido que podíamos hacer.
Y se me ocurrió que podíamos ir a un pueblo que habíamos atravesado ya varias veces sin pararnos. Es Mercadal. Es el centro geográfico de la isla, su fundación data de la época de la reconquista y su núcleo urbano se concentra alrededor de la Iglesia de Sant Martí y del antiguo molino hoy en día reconvertido en un restaurante. Por sus calles de casas bajas y de gran sencillez estética, nos encontramos con toda la pureza de una población de origen rural, donde la vida de sus gentes sigue fluyendo de forma natural, como siempre lo han hecho. Ir descubriendo, a ritmo pausado, los secretos que nos ofrece cada rincón del pueblo transmite unas sensaciones de armonía fáciles de explicar: Cas Sucrer, por ejemplo, es una tienda de dulces artesanales por excelencia de la isla o ponerse en manos de un artesano para hacerse unas abarcas a medida, degustar los productos recién salidos de la tierra en los restaurantes de cocina tradicional menorquina, o cortarse el pelo a navaja en un «aquí te pillo aquí te mato» o El Aljub: una impresionante cisterna construida durante la dominación británica para el almacenamiento de las aguas pluviales o simplemente descubrir los entresijos de sus encantadoras calles paseando sin prisas. Historia, arte, cultura, gastronomía, turismo, naturaleza… muchos son los atractivos que ofrece Es Mercadal, por su situación privilegiada, una pequeña localidad situada en pleno corazón de Menorca que guarda la esencia de la isla y ofrece grandes posibilidades.
Pero lo más impactante de este pueblo está en lo alto. Es Mercadal está situado en un valle a los piés de Monte del Toro (357 m.) que es el punto más alto de la Isla de Menorca, donde subiremos para encontrar el Santuario de la Virgen del Toro, patrona de la isla y centro espiritual y religioso de Menorca.
Una vista de Es Mercadal, con la Iglesia y el Molino a la Izquierda y en lo alto el Monte del Toro.
Aunque no podemos obviar lo que cuentan las leyendas, su origen etimológico podría ser árabe y significa «el punto más alto«. En su cima podremos descubrir un santuario y una torre cuadrada del s.XIV, además de una visión panorámica excepcional de la isla. La superficie plana o valle de Menorca permite observar toda su extensión en los días claros cosa que no se daba ese día, con una niebla tupida que poco nos dejaba ver de las excelentes vistas que esa atalaya suele ofrecer habitualmente. Monte Toro es uno de esos rincones que no te puedes perder, que todo el mundo en la isla te habla de él, que la publicidad sobre el lugar es abundante y que todas los/las guías lo nombran como lugar imprescindible para visitar. Frente a las paradisíacas playas de la isla, la montaña más alta de Menorca es un lugar que destila su propio encanto. No en vano representa el punto más elevado de la coqueta isla balear. Aunque no está incluida entre los catorce ochomiles por los que muchos alpinistas suspiran, sus 358 metros de altura son un plan perfecto para un viaje en familia, una actividad diferente en tus vacaciones con amigos o un rincón en el que perderte si viajas con tu pareja.
La silueta del monte Toro se alza impasible en medio de un entorno de suaves desniveles. De hecho, el pico menorquín puede presumir de no tener competencia. Tanto es así que, una vez coronada su cima, las vistas son todo un regalo, incluso, para aquellos que no son demasiado amigos de las rutas de senderismo. Salvando las distancias, me ha recordado a la subida a La Arboleda, por su carretera sinuosa y el desnivel que tiene en muy pocos kilómetros.
Monte Toro: un origen de leyenda y una atalaya perfecta. Antes, incluso, de poner un pie en las inmediaciones del monte Toro, el visitante se siente cautivado por la leyenda que esconde esta montaña menorquina. Y no es para menos. Los isleños más longevos y hasta los más pequeños conocen bien la historia del nombre de esta coqueta elevación del terreno. Según la leyenda, su origen tiene que ver con la creencia de que, años atrás, un toro salvaguardaba la cima impidiendo el paso a todo aquel que pretendiera acercarse.Se dice que el nombre Monte Toro o ‘Montaña del Toro’ deriva de esa leyenda que cuenta que un grupo de monjes del siglo XIII, al descubrir una luz misteriosa en la cima de la colina, quisieron conocer su procedencia por lo que comenzaron a subir sus laderas hasta que se encontraron frente a frente con un toro visiblemente enojado. La vista de los monjes blandiendo sus crucifijos aterrorizó al animal que los llevó a una cueva donde vieron una imagen de la Virgen María. En ese lugar se construyó una capilla dedicdo en honor a la Virgen María y la colina quedó nombrada para siempre en honor al toro.
Al explorar la cima, en la que puedes girar la vista 360º, con lo primero que te topas es con las ruinas de un antiguo monasterio que proporciona una conexión explícita con el pasado de Menorca. Estos restos ofrecen una visión de la narrativa histórica de la isla, haciendo de Monte Toro, no solo una maravilla natural, sino también un testimonio vivo del duradero legado de Menorca. Una estructura más reciente es el Santuario de la Virgen del Toro, una antigua iglesia gótica que data de alrededor de 1670 y que todavía está regentado hoy en día por una pqueña comunidad de monjas. También hay un monumento de unos 12 ms de altura dedicado a Cristo Redentor y en uno de sus laterales viene reflejada una lista de caídos que yo creía que serían de la innombrable Guerra Civil, pero que posteriormente he descubierto que son 57 menorquines fallecidos durante la Guerra del Riff de 1925. La atmósfera alrededor del santuario irradia tranquilidad, ofreciendo un espacio sereno para la reflexión y la contemplación. Ya seas religioso o simplemente busques una escapada pacífica, el aura espiritual de Santa Maria de Monte Toro añade una experiencia única de Menorca que guardan con celo unas «Hijas de la Sagrada Familia» cuya dedicación en exclusiva es «la adoración perpetua del Santísimo Sacramento» y tienen el convencimiento de que lo esencial es «vivir fielmente el compromiso del bautismo«.
Distintas imágenes del Monte Toro
Fue una visita agradable e imprescindible que sólo empañó el mal tiempo y la niebla y nos permitió pasar la mañana lo mejor posible hasta que empezó a colapsarse con la gente que habitualmente pasa las mañanas en la playa. Pero aquel no era el día propicio. Por eso nos decidimos por acercarnos al pueblo cercano de Fornells, pero antes nos dirigimos a otra cala con la intención definitiva de, al menos, tocar el agua del Mar Mediterráneo. No fue difícil encontrar una y además vacía. No era día de playa. Nos fuimos a la Cala Tirant que destaca por ser el lugar más surfero de la isla por sus fuertes vientos de tramontana. Allí nos mojamos los piés.
Y fue el último éxito, porque fue en esos momentos cuando se me ocurrió la brillante idea de preguntarles a los socorristas que allí había por un Restaurante de la zona donde se comiese bien. Uno de ellos, erigiéndose en el que más sabía de eso, raudo y veloz, me respondió que en el Restaurante “La Guapa” de Fornells servían una “caldereta de langosta” de quitarse la boina. Animados por esta respuesta tan rotunda, allí que nos fuimos. A Fornells, con la intención de buscar rápidamente el restaurante indicado. El día estaba mejorando, las nubes se iban yendo con rapidez y ya caía un sol que picaba y de qué manera. No nos fue difícil, preguntando, dar con el susodicho. Hubo que esperar un pequeño rato y nos sentamos, por fin, contentos y con ganas de degustar la tan afamada caldereta de tan afamado restaurante. En su publicidad dicen y cuentan que “la langosta y nuestra caldereta de langosta son las joyas de la corona, la esencia del Mediterráneo”. Doy fe que es verdad, estaba deliciosa, pero lo que no dicen, lo que se callan es el precio que va a pagar el incauto por tan apreciado manjar.
Nosotros, como unos pardillos, caímos en la trampa. Pedimos, por supuesto, la caldereta, muy buena, por cierto, pero por poco nos pega el infarto cuando nos trajeron la cuenta. Fue un momento no apto para cardíacos. Apoteósico. Y a pagar por no preguntar antes. Eso sí, nos regalaron un bonito delantal con la publicidad del Restaurant para que no nos cayese alguna mancha que incrementase el coste por tener que llevar la prenda a la tintorería. Considerados que son ellos.
Si no reflejo aquí la cantidad es por «verguenza torera» aunque quedará grabado para siempre en nuestra “memoria histórica” este atraco “de la caldereta” por mucho que nos insistan en que la langosta está carísima, que es autóctona y recién cogida en la mismísima bahía de Fornells. Que conste que ellos se portaron de maravilla aunque podían habernos advertido del precio, pero la culpa fue mía que fui el instigador y el que insistió en que, como era el último día, nos podíamos permitir un “chombo”. De todas las maneras, como restaurante, recomiendo “La Guapa” de Fornells porque aunque el local no es muy grande y estás un poco agobiado por los que están al lado, tiene una magnífica cocina.
Y con la cara de pardillos que se nos quedó, dímos un paseo hasta donde habíamos aparcado el coche pero sin descuidar lo que nos ofrecía la vista:Su impresionante bahía es un paraíso para los amantes de la náutica, en especial del windsurf, ya que la fuerza del viento de tramontana es el mejor motor para navegar en sus calmadas aguas. Esta población pesquera mantiene intacta toda la esencia del mediterráneo, un paisaje idílico que transmite una sensación de tranquilidad incomparable.
Vista aérea de Fornells
El cuerpo del delito.- El Restaurante «La Guapa» de Fornells. Recomendable.
Así nos despedimos de este precioso pueblo que siempre recordaremos por causas ajenas a su belleza.
Ya a media tarde, mientras el sol se ponía en el horizonte, volvimos al hotel para pasar unas horas tranquilas, rumiando nuestro enfado pero alejados ya de disgresiones bizantinas, durante la que nos fuimos haciendo a la idea de que aquello se terminaba, de que tocaba hacer las maletas y despedirse de una isla que nos dejará un grato recuerdo por todo lo que tiene para ver y visitar. Nuestra condición física no nos ha permitido ver todo lo que se nos ofrecía, pero estoy seguro que los cuatro nos hemos sentido cómodos, que todo lo visitado nos ha agradado a la vista y que nos quedamos con pena de no poder visitar más cosas. Sólo me queda hacer balance del viaje sopesando lo vivido, lo visto y lo no visto.
Primero vamos con lo que más me ha llamado la atención del viaje en sí:
– Vuelos: Dicho queda, baratos, cómodos y eficientes, tanto a la ida como a la vuelta, puntuales. Una Cía. Low Cost pero con personalidad propia: Volotea.
– Coche de alquiler: La chica se quiso pasar de lista y no coló. El coche que nos cedieron, sin pegas, un gran coche el Peugeot 3008.
– Hotel: Un 5* que no lo es. El Hotel es nuevo, con un diseño precioso, las habitaciones luminosas y amplias, el desayuno y buffet bien, sin alardes, el personal con ganas de agradar y atentos a todo, pero le falta “alma”, da la impresión de desangelado, no hay calor y los precios de los Servicios que ofrecen, muy caros.
– La tasa turística: Dicen que esta tasa de 4,00 euros por día y persona que se paga nada más que llegas al Hotel, tiene como principales fines los medioambientales, crear un turismo sostenible, recuperar el patrimonio cultural, la formación y creación de puestos de trabajo y la investigación. ¡Si esto fuera verdad… !pero mi impresión es que es un mero afán recaudatorio y que el visitante ya deja suficiente dinero utilizando los servicios a un precio exagerado.
– Las rotondas: Múltiples, demasiadas, cantidad de ellas innecesarias, el impacto sobre el paisaje de la isla es terrible. No hay necesidad de tantas ni tan grandes.
– Los precios: No sólo los de la hostelería que, como ya hemos comentado, son disparatados por mucho que los hosteleros griten al viento que no, y que a pesar de ello y de la tan cacareada crisis todos están llenos a rebosar y nadie se priva de nada. También en las tiendas, e incluso en las peluquerías como tuve ocasión de comprobar, una pasada.
– Los perros: Hubo una cuestión que me llamó mucho la atención. Había muy pocos perros en la isla y quizá la razón sea porque hay cantidad de letreros de “Prohibido perros”, tanto en jardines como en playas, como en comercios, como museos, como en los ferrys, las rutas para llegar a las calas, en el Parque Nacional, en muchos bares y restaurantes, en las paradas de autobuses.
– Los badenes: Necesarios pero excesivos en muchas ocasiones, dejas los amortiguadores y tus riñones.
– Menorca: Una isla digna de recorrerla de cabo a rabo. Es imposible ver todo en ocho días pero todo lo que hemos visto merecía la pena y nos hemos quedado con ganas de ver más. Hemos comido bien, hemos bebido un buen vino, la fruta era apetecible, los aborígenes con los que hemos charlado queriendo agradar. Todavía no está masificada pero tienen que tener cuidado. Como es fácil, lo que yo haría sería: avión que sale, avión que entra, barco que zarpa, barco que atraca. En esta isla sería fácil un control oportuno de cuántos entran, cuántos salen y cuántos están. Todo está bien señalizado y con información adecuada. Que se mantengan así.
Hemos visto mucho, hemos hecho muchos kilómetros en coche, hemos visitado muchos lugares pero son muchos más los que no ha habido tiempo material para verlos o estaban tan alejados de los lugares de aparcamiento que no hemos aprovechado la oportunidad de disfrutarlos Estos son, someramente, los que voy a tratar de describir ahora.
Las Calas Macarella y Macarelleta son sin duda las 2 playas más populares, masificadas y famosas de Menorca. Se tiene que salir, andando, desde Cala Galdana y para llegar a ellas tardas unos 40 minutos aproximadamente por un terreno sin asfaltar y con alguna dificultad. Una vez allí no es difícil el acceso ya que hay unas escaleras y un camino a la derecha de la playa, excavado en la roca misma con unas vallas de madera de seguridad, aunque recomendamos especial atención cuando pasemos según qué tramos.
El camino que hemos indicado antes es el que nosotros vimos cuando visitamos Cala Galdana pero existe otra vía para llegar a estas dos playas pues debemos salir por la ronda sur de Ciudadela, y buscar la rotonda que tenga señalizada la salida sur hacia Macarella, la reconoceremos por un cartel eléctrico en el que se indican, además de la playa de Macarella, aparecen Son Saura y Cala en Turqueta. La característica de este panel es que te indica si alguna de las playas esta llena o libre. Bien, tomamos ese camino y seguimos las indicaciones, ya que está muy bien señalizado el camino a seguir. Hay unos 15 km de distancia desde la rotonda de salida de Ciudadela hasta el parking de Macarella,; el camino merece la pena.
El camino que hemos indicado antes es el que nosotros vimos cuando visitamos Cala Galdana pero existe otra vía para llegar a estas dos playas pues debemos salir por la ronda sur de Ciudadela, y buscar la rotonda que tenga señalizada la salida sur hacia Macarella, la reconoceremos por un cartel eléctrico en el que se indican, además de la playa de Macarella, aparecen Son Saura y Cala en Turqueta. La característica de este panel es que te indica si alguna de las playas esta llena o libre. Bien, tomamos ese camino y seguimos las indicaciones, ya que está muy bien señalizado el camino a seguir. Hay unos 15 km de distancia desde la rotonda de salida de Ciudadela hasta el parking de Macarella,; el camino merece la pena.
La Naveta des Tudons es la construcción prehistórica mejor conservada de Menorca y el edificio íntegramente conservado más antiguo de toda Europa. Es una tumba funeraria datada alrededor del año 1000 a.C que aportó más de 100 cuerpos y muchos objetos de bronce, cerámica y hueso.
Muy cerca de Ciutadella se encuentras estas canteras desde donde antiguamente se extraían las piedras de marés usadas para hacer muchas de las construcciones de la isla. Las canteras de s,Hostal (Lithica). Actualmente se pueden visitar y os quedaréis sorprendidos de la altura de sus paredes. En verano, por las tardes se hacen actividades para niños y por la noche algunos conciertos que convierten el espacio en un lugar mágico. También esconden un pequeño jardín botánico. Su visita puede durar entre 1-2 horas. Muy cerca de Ciutadella se encuentras estas canteras desde donde antiguamente se extraían las piedras de marés usadas para hacer muchas de las construcciones de la isla. Actualmente se pueden visitar y os quedaréis sorprendidos de la altura de sus paredes. En verano por las tardes hacen actividades para niños y por la noche algunos conciertos que convierten el espacio en un lugar mágico. También esconden un pequeño jardín botánico. Su visita puede durar entre 1-2 horas.
Lithica
Cova den xoroi – Cala en Porter.- La Cova de’n Xoroi es un espacio natural encima de unos acantilados en la zona de Cala en Porter, en el sur de Menorca. Cuenta la leyenda que fue el lugar donde Xoroi, posiblemente único superviviente de un naufragio, se refugió y vivió.
Actualmente es un fabuloso mirador abierto que se puede visitar de día para contemplar las espectaculares vistas (el mejor plan si vas con niños), por la tarde y tomar algo viendo el atardecer o por la noche para bailar y disfrutar de una de las zonas de ocio nocturno más famosas de Menorca.
La Albufera des Grau está situada en el norte de Menorca, cerca de Mahón, y es la zona más húmeda de la isla. Es un buen lugar para los amantes de la naturaleza, las aves y el senderismo. Allí podrás ver numerosas aves rapaces así como aves acuáticas. Hay tres rutas distintas para visitar la Albufera. Nuestra recomendación es que te acerques directamente al Centro de Recepción Rodríguez Femenias desde dónde te podrán informar sobre cada una de ellas y su duración.
La excursión en barco es una opción asequible para los que quieren navegar y no pueden permitirse pagar una moto de agua o una lancha. Puedes disfrutar de un día de navegación y visitas a playas además de paella y sangría a bordo. Es un plan ideal para grupos de amigos o para familias.
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Disfruta de un día navegando y con visitas a playas
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Tienes Comida y bebida incluida
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Cuando vuelves por la tarde puedes refrescarte con un Gin con Limonada
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Si tienes suerte y vuelves tarde, la puesta de sol desde el mar es preciosa.
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A mi me gusta porque es una opción barata de navegar y ver playas, y es un plan muy bueno con amigos.
Cala Pregonda es una joya en el norte de la isla. Está muy bien valorada por los visitantes de Menorca, situada en medio de la nada y con excursión obligatoria a menos que vayas por mar. Esta playa ha sido portada de 2 discos de Mike Oldfield y también ha salido en los anuncios de Estrella Damm del 2010.
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Lo mejor de Cala Pregonda, para mi, es que está muy bien protegida del oleaje y que el snorkel es bueno por la gran diversidad de flora y fauna marina. ¡Es una visita casi obligada!
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El único inconveniente de Cala Pregonda es que el sol empieza a darte en la espalda muy pronto por la tarde, por lo que si lo tuyo es tostarte al sol quizás no sea la mejor elección.Menorca – Pregonda
La playa de Son Bou.-Son Bou es la playa más extensa de Menorca y una de las pocas a mar abierto que hay en la isla. Ocupa 2,5 km de largo y 50 metros de ancho, entre el Cap de ses Penyes, al este, y la Punta Rodona, a poniente. Es de clara y fina arena con una suave pendiente hasta aguas limpias y cristalinas del Mediterráneo y, desde la orilla, se puede ver el Escull de sa Galera, un peñasco que se alza suavemente sobre el mar. El fondo marino de Son Bou es arenoso y muy homogéneo con una suave pendiente que permite que te adentres poco a poco. Cuando la profundidad es ya de unos metros la arena acoge una de las más extensas praderas de posidonia oceánica, una planta marina indicadora de la excelente calidad del agua, aporta oxígeno y es el hábitat de muchas especies marinas. La zona dunar que separa la playa del Prat de Son Bou se mantiene en muy buen estado. Es paralela a la línea del mar y forma montañas de arena que no superan los dos metros de altura y que acogen flora autóctona y característica de estos lugares.
En la parte más oriental de la urbanización de Son Bou quedan los restos de una Basílica Paleocristina del siglo V d.C.. Se puede ver una estructura rectangular de lo que era un templo religioso de tres naves al que se accedía por un pórtico que daba a un vestíbulo sobre el que se situaba el coro al que se accedía a través de una escalera de la que se han encontrado algunos vestigios. El cuerpo central de la iglesia se encuentra ligeramente elevado sobre el nivel de las otras naves. Y en el exterior, al sur de la basílica había una pequeña necrópolis y aún se pueden ver los restos de algunas tumbas. Esta basílica fue destruida por un incendio en el siglo XVIII.
Pont d’en Gil, un arco de roca junto al mar
Es una fantasía de la Naturaleza, un lugar para hartarse de hacer fotos, porque el Pont d’en Gil es el resultado de la erosión de la fuerza de las olas y son muy pocos los que se resisten a hacer una parada y disfrutar de este hermoso y espectacular entorno natural de Menorca, situado junto a Ciutadella. Se puede llegar hasta aquí a pie (desde Cala en Blanes) o en bicicleta (a través del Camí de Cavalls), pero la mejor vista se tiene, lógicamente, desde un barco.
Cova des Coloms.- También llamada «La Catedral».- Llegar a ella no es nada fácil, se recomienda ir a pie o en bici.Se cree que esta cueva se utilizó como santuario o como un lugar de peregrinación religiosa a juzgar por los hallazgos que se hicieron en su interior décadas atrás.
Camí de Cavalls, el gran recorrido senderista.-El menorquín Camí de Cavalls es, sin duda, uno de los recorridos más conocidos y escenográficos de las Baleares y el resto del país. Un camino prácticamente circular que discurre en paralelo a la costa y que se extiende a lo largo de más de 185 kilómetros. Éstos se pueden cubrir por tramos, eligiendo aquellas zonas o paisajes que más apetezca, o bien la ruta completa, que tendría un total de 20 etapas (unas diez jornadas), en función de la forma física de cada caminante. Detrás del placentero Camí de Cavalls, que también se puede recorrer en bicicleta en unas cuatro etapas, hay una historia tan convulsa como la de la propia Menorca. Invasores y contrabandistas han sido su razón de ser a lo largo de los siglos. Luego, durante los periodos de dominación francesa y británica, se convirtió en una importante vía de comunicación tanto para las tropas como para la propia población isleña.
Aunque estuvo en desuso durante largas décadas, por fortuna desde 1996 se ha recuperado y en 2010 pasó a la consideración de camino público, integrándose en la red de las rutas de Gran Recorrido de Europa.
También hay pueblos con una cierta notoriedad como Ferreríes, Alaior, Addaia, Son Bou, la isla de Llazaret y un sinfín de lugares más aún por descubrir. De todas formas estamos contentos con lo visto y disfrutado que ha sido mucho. Dejo aquí otras fotos, otros testimonios de nuestro paso por esta isla a la que es muy probable que ya no volvamos porque hay otros muchos lugares por descubrir. Pero de justicia es destacar que, desde un punto de vista, fotográfico o fotogénico, esta parada que hemos hecho en Menorca es de las mejores. Es un lugar espectácular digno de ver en cualquier época de tu vida. Sólo, acompañado, con niños o con la suegra y la cuñada. Zambúllete en ella y piérdete.